miércoles , 11 diciembre 2019
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Transparencia diez

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

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El lunes, en este mismo espacio de mi columna editorial, yo arranque diciendo lo siguiente:

Se encendió una luz amarilla en el tablero político de Mauricio Macri. La única manera que tiene de apagarla es dar la cara, presentarse ante la justicia y el Congreso de la Nación y ofrecer todas las explicaciones que sean necesarias. La investidura presidencial tiene que quedar limpia, sin ningún tipo de mancha ni de sospecha.

Tal vez el gobierno de Macri minimizó el tema desde lo político o subestimó la potencialidad de la comunicación de la denuncia y en lugar de hacer lo que sugeríamos, fue dando pequeños y frágiles pasos que no alcanzaron a aclarar definitivamente la oscuridad de la situación. Recién ayer, luego de pagar un innecesario y excesivo costo, el presidente dio el paso correcto. Fue una reacción demasiado tardía pero positiva. Si el mismo lunes Macri se hubiera autodenunciado en la justicia y hubiese llevado todas las carpetas con las pruebas, se terminaba el tema en 5 minutos. Pero fue haciendo pequeños movimientos sin convicción, como si fueran concesiones y eso multiplicó las preguntas en lugar de ofrecer las respuestas correspondientes. Ni el comunicado oficial, la conferencia de prensa de Marcos Peña, la explicación acotada a un medio de Córdoba, ni el envío de documentos a la doctora Elisa Carrió lograron apagar la alerta amarilla. Fueron errores no forzados. El gobierno de Cambiemos por impericia política y comunicacional le regaló a los opositores rabiosos del kirchnerismo el título de que un fiscal federal como Federico Delgado lo imputó y abrió una investigación.

Con buena cintura y celeridad, Macri podría haber evitado todo esto. Recién ayer, en el salón Blanco anunció que hoy se iba a presentar ante la justicia civil para pedir una declaración de certeza y que está como corresponde a disposición de cualquier juez.

Insisto: ahora si, Macri dio un paso en el rumbo correcto. Tarde pero correcto. No se puede manejar de taquito una denuncia de un grupo muy serio y riguroso de periodistas. Ya le dije que el estudio Mossack Fonseca es el especialista más grande del mundo en generar empresas fantasmas en guaridas fiscales. No estamos hablando de una entidad humanitaria. No es la Cruz Roja, es un nido de truchos que hacen truchadas. Encima la empresa de su padre donde figura el jefe de estado fue radicada en Las Bahamas y todos sabemos que ese tipo de organizaciones, en esos países, es muy difícil por no decir imposible que se constituyan para llevar adelante actividades totalmente lícitas.

Esto debe servir como aprendizaje. El funcionario público debe entender que políticamente, se invierte la carga de la prueba. Tiene que demostrar que es inocente. Es tanta la bronca que tiene gran parte de la sociedad y tan grande la sospecha generalizada que no solo hay que ser honesto, también hay que parecerlo.

Por eso también me parece una decisión muy saludable poner todo el patrimonio presidencial en manos de un fideicomiso ciego. Es el mejor mecanismo para que ninguna decisión que tome el jefe de estado pueda ser interpretada como un camino para favorecer sus intereses privados. Eso le da una transparencia absoluta. Esa actitud es muy bienvenida y seguramente será muy valorada por la opinión pública.

Y finalmente, la ley de acceso a la información pública, cuando se apruebe va a ser un instrumento muy útil para los jueces, fiscales y periodistas que quieran investigar a fondo. Mientras menos cosas ocultas y secretas haya en un estado menos posibilidades habrá de que se cometan hechos de corrupción. Poner toda la actividad en una vidriera accesible para todos los ciudadanos es una apuesta a la construcción de una ética pública intachable como necesitamos los argentinos para volver a creer.

La presentación espontánea de Macri ante la justicia lo va a fortalecer. Si un magistrado comprueba que nunca cobró honorarios, que no tenía acciones y que esa empresa no funcionó jamás, Macri va a salir dignificado en su palabra, con la investidura presidencial inmaculada por haber dicho la verdad.

Insisto y abro el paraguas porque desconfiar es una obligación de todo periodista independiente. Macri va a salir dignificado de la justicia siempre y cuando sea absolutamente verdad lo que dijo.

También es positivo que el presidente Macri haya enviado los papeles a la Oficina Anticorrupción. Es una lástima que Laura Alonso haya reaccionado al revés de lo que su cargo le indicaba. Ella tendría que haber exigido que el presidente presentara las pruebas luego de abrir una investigación en lugar de prejuzgar y decir que Macri era inocente. Fue más militante que funcionaria.

Lo digo por lo que pasó y por lo que puede pasar. Le recuerdo que hay 11 millones y medios de documentos para analizar que pertenecen a 214 mil sociedades de 200 países. Es la filtración de documentos más grande de la historia. Cuarenta y seis veces mayor que Wikileaks.

Lo digo también por la situación de Néstor Grindetti que aparece más comprometida. Fue ministro y es un hombre de gran confianza del presidente. El intendente de Lanús, figura como gestor de una firma con cuentas en Suiza y tenía dos poderes para administrar una sociedad panameña que durante tres años hizo diversas operaciones offshore.

Por ahora Grindetti no dio la cara ni abrió la boca. Teléfono para Laura Alonso. Hasta la propia diputada Carrió lo acusó de corrupto.

Corrupción cero y transparencia 10 es un reclamo de la inmensa mayoría de la población. Y que los ladrones de estado vayan a la cárcel y devuelvan lo que robaron.

Es que la megacorrupción de estado que instalaron tanto Néstor como Cristina es uno de los venenos que dinamitó el contrato entre el ciudadano y sus dirigentes. Frases como:” acá nadie va preso”. “nadie paga por lo hace” o “solo los ladrones de gallinas van en cana”, son la confirmación que hay una fuerte demanda social por un gobierno transparente y honrado, de manos limpias y uñas cortas que genere las condiciones necesarias para actúe la justicia con independencia.

¿Qué debe hacer el gobierno de Cambiemos, precisamente para sepultar esa suerte de cleptocracia casi sin antecedentes que nos estuvo gobernando? Y digo casi sin antecedentes porque estoy absolutamente seguro que los gobiernos del matrimonio Kirchner fueron los más corruptos desde el regreso de la democracia. Hoy están presos Lázaro Báez, Ricardo Jaime, Daniel Pérez Gadín, Leonardo Fariña y Milagro Sala. Fue condenada Felisa Miceli y acaba de presentar su renuncia el juez más corrupto, Norberto Oyarbide.

Esto no soluciona todos los problemas. Pero son pasos en el camino correcto. Es que nadie había llegado a tanto desde 1983. Nadie se había atrevido a convertir al estado en una maquina recaudadora e ilegal para llenarle los bolsillos a unos pocos. Para que no vuelvan. Para que la devuelvan.

Hace falta construir otra ética, otra moral pública que le haga honor a próceres de nuestra historia como Manuel Belgrano o políticos dignos contemporáneos como don Arturo Illia.
Necesitamos construir un nuevo país de cristal en sus cuentas y en sus licitaciones. Asi todos podremos concretar un sueño doble: transparencia diez, corrupción cero.

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