miércoles , 20 junio 2018

Torres del Paine: entre el fantasma del fuego y el orgullo de ser la Octava Maravilla del Mundo

PARQUE NACIONAL CELEBRÓ 55 AÑOS

Fue el 13 de mayo de 1959 cuando el mundo comenzó a saber de la existencia de esta belleza natural, abriendo las puertas a miles de turistas que, tímidamente, comenzaron a arribar en búsqueda de aquel paraíso perdido en la inmensidad y que ofrecía un desafío para aquellos hombres deseosos de aventura.

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Inmersa en el silencio, las Torres del Paine se imponen altivas bajo la cúpula celeste del cielo patagónico. Su solo nombre nos hace evocar la belleza infinita y profunda que va más allá de aquellas tres torres (norte, central y sur) que año a año, y durante décadas, han atraído a personas de todo el mundo.

En mayo se cumplieron 55 años desde la creación del recinto, que en sus inicios fue conocido como Parque Nacional Lago Grey, considerando 4 mil 322 hectáreas.

Fue el 13 de mayo de 1959 cuando el mundo comenzó a saber de aquella existencia, abriendo las puertas a miles de turistas que, tímidamente, comenzaron a arribar en búsqueda de aquel paraíso perdido en la inmensidad, y que ofrecía un desafío para aquellos hombres deseosos de aventura.

Los primeros pasos ya los había dado el padre salesiano Alberto María D’Agostini, en la primera década del 1900. Su trabajo sirvió para que el conde Guido Monzino organizara una expedición que apuntaría a conquistar el Cerro Paine Grande. La empresa lograría cumbre el 27 de diciembre de 1957, conquistando, además, la Torre Norte (denominada hoy Torre Monzino).

La hazaña fue conocida y difundida en Europa a través de una película y un libro denominados “Italia in Patagonia”, que logaron colocar al Paine en la mira del montañismo mundial.

Seis años después, británicos e italianos, llegarían atraídos por la Torre Central (2 mil 880 metros) y la Torre Sur (2 mil 850 metros). Serían estos últimos quienes se impondrían en una verdadera carrera de obstáculos, riesgo y desafío.

 Reserva de la Biósfera

En 1978 el Parque Nacional Torres del Paine fue declarado Reserva de la Biósfera por la Unesco. Más tarde sería integrado al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado de Chile.

Pero más que los títulos “honoríficos” o “nobiliario”, el Parque Nacional Torres del Paine pronto comenzó a ganar espacios en diversas publicaciones mundiales dedicadas al turismo, la flora y fauna, ubicándose entre los lugares más hermosos del planeta.

Justamente, una de las denominaciones que mayor repercusión tuvo fue la de “Octava Maravilla del Mundo”, entregada en noviembre de 2013 por el portal de viajes Virtualtourist.com, parte del TripAdvisor Media Group, en base a un concurso donde los propios usuarios de Internet pudieron manifestar su preferencia entre 330 destinos de cincuenta países. Además, del Paine, destacaron el Palacio de la Alhambra (España), el Parque Nacional Yellowstone (Estados Unidos), Bora Bora (Tahíti), Buenos Aires (Argentina), las Islas Galápagos (Ecuador) y la Mezquita Santa Sofía (Turquía).

Para el superintendente del Parque Nacional, Federico Hechenleitner, tal denominación “nos implica, como administración, un nuevo desafío, porque estos reconocimientos potencian de manera importante el flujo de visitantes, lo cual tenemos que combinar con nuestro principal objetivo, que es la conservación del parque”.

Por su parte, la alcaldesa de la comuna Torres del Payne, Anahí Cárdenas, consideró que “este reconocimiento en muy merecido, porque para nosotros, es el mejor parque del mundo, con su paisaje agreste y a la vez es  imponente”.

Hoy, autoridades y usuarios coinciden en la responsabilidad compartida que existe para mejorar la conectividad vial, y optimizar la seguridad y todo el abanico de servicios que las empresas turísticas ofrecen a los visitantes.

La otra realidad

Justamente, dicha responsabilidad ha sufrido a lo largo de la historia del recinto graves reveses, ligados a situaciones donde la mano del hombre surge como única responsable.

Por un lado, los incendios se elevan como una amenaza real y latente durante cada periodo estival. Basta con recordar tres siniestro en la historia reciente, que han terminado con miles de hectáreas destruidas: el primero se registró en 1985, a consecuencia del actuar de un ciudadano japonés que dejó mal apagado un cigarrillo. Resultaron destruidas cerca de 13 mil hectáreas.

El segundo se registró en febrero de 2005 y se extendió por casi un mes, cuando un turista checo dio vuelta una cocinilla. Se destruyeron 15.470 hectáreas.

Un tercer hecho ocurriría el 27 de diciembre de 2011, provocado por un turista israelí que prendió fuego a papel higiénico. El fuego arrasaría con cerca de 16 mil hectáreas y se prolongaría hasta el 24 de febrero de 2012.

En todos los casos, cada siniestro significó movilizar a más de mil personas, destinándose, en el caso del incendio iniciado en 2011, recursos por más de 1.524 millones de pesos, a cargo del Estado.

Otro tipo de casos, no menos dramáticos, por tener que ver con el valor más preciado, la vida, son el extravío de turistas al interior del Parque Nacional.

Dos casos recientes y emblemáticos son los del turista japonés Yosuke Okada, de 26 años, quien ingresó en solitario al recinto en febrero de 2010, por el sector de Laguna Amarga, y fue hallado sin vida en abril del mismo año, en el cauce del Río Francés, sector del Campamento Italiano. El otro caso, el de Laureano Santos, el joven argentino que llegó hasta el parque el 22 de diciembre de 2013 y del cual hasta hoy, se desconoce su paradero. El último registro corresponde al 25 del mismo mes, cuando salió del campamento Los Perros.

Sólo aquella inmensidad, esquiva, inconmensurable, sabe del por qué y, en el caso del joven Laureano, del destino que lo esperó como compañero ineludible.

Alejandro Salazar Carrera El Pinguino

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