Sábado , 21 enero 2017
Ultimas noticias

Tarjeta roja para Diego

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Vamos a dejar las cosas en claro desde el comienzo. En esta columna editorial no voy a hablar del Diego Maradona futbolista. Por lejos, fue el más grande jugador que vi en mi vida. Y lo vi muy de cerca porque yo era periodista deportivo en sus momentos de gloria. A ese Diego no tengo nada que reprocharle. Repartía felicidad a las multitudes en los estadios con sus pies alados y su cabeza creativa y mágica. Ese Maradona lo disfruté como quien disfruta a un artista descomunal. Ese Diego que admiré tanto me llevó incluso a ponerle su nombre a lo que más quiero en la vida: a mi hijo. Aquel Maradona no me lo quita nadie. Ni el mismísimo Maradona con ese personaje político nefasto y oportunista en el que se convirtió.

Comprendo que hay excusas. Que nadie de tan abajo llegó tan arriba y que tantas tentaciones y millones de dólares hacen que sea difícil ser Maradona aún para Maradona.

Pero quiero hablar del Maradona ciudadano, de sus contradicciones insólitas, del que vive en Dubai, entre el lujo de los jeques árabes que nadan en petrodólares y su apoyo a regímenes autoritarios que violan los derechos humanos y hambrean a su pueblo como la Cuba castrista y la Venezuela chavista.

Muchas veces me pregunto, ¿cuál es el verdadero Maradona?

El que tiene tatuado al Ché Guevara en su piel o el que en 1978 cuando la selección ganó el mundial juvenil le dijo al genocida de Jorge Videla que “era un orgullo” tener las felicitaciones “de nuestro presidente. Este triunfo es para usted y para todos los argentinos”.

Es verdad que Diego era un pibe y todavía no conocía demasiado el mundo de la democracia. Pero lo cierto es que no recuerdo que se haya autocriticado de aquella efusividad con el jefe de los terroristas de estado.

En realidad, todas las opiniones de Diego estuvieron cargadas de conveniencia y oficialismo permanente. Expresó su apoyo a todos los presidentes que tuvimos. En 1986 con Raúl Alfonsín y después levantando la copa en el balcón de la Casa Rosada, por ejemplo.

Pero su devoción y entrega total la tuvo con Carlos Menem. Hasta en la tapa de El Gráfico salieron juntos después de un partido en el que ambos vistieron la camiseta celeste y blanca. Diego llegó a decir muy suelto de cuerpo: “Si Menem me lo pide acepto ser su compañero de fórmula”. ¿Se imaginan lo que hubiera sido Maradona como vice de Menem? Vade retro. Menem hizo muchas macanas pero esa la gambeteó. Hay cientos de fotos en los archivos de ambos en todas las circunstancias imaginables.

Simultáneamente Maradona ya comenzaba a expresar por su admiración primero por Fidel y luego por el comandante Chávez y nunca se dio por enterado que era como ser hincha de River y de Boca al mismo tiempo. Mientras tanto, disfrutaba del calorcito y de los privilegios que le daba la cercanía al poder. Hay que decir que la cuestión fue un ida y vuelta. Que Maradona usó a los políticos y que los políticos lo usaron a él. Intercambio de servicios, se llama eso.

Diego también expresó públicamente su respaldo electoral a Fernando de la Rua. “El chupete es mi preferido, es un hombre muy creíble” dijo antes de sacarse una foto con la camiseta de Boca y los hijos del ex presidente radical.

Eso no le impidió ponerse la camiseta del equipo de los Kirchner pero también meterles un gol en contra cuando menos lo esperaban. En plena guerra del gobierno contra el campo, en el debate parlamentario por la 125, Diego se despachó con un respaldo inesperado al vicepresidente Julio César Cobos. Después de aquel legendario voto no positivo de madrugada, Maradona lo llamó por teléfono para felicitarlo al igual que Hermes Binner y Juan Schiaretti. Maradona le confesó a Cobos que su voto, el que le asestó una derrota tremenda a Cristina, él lo había “gritado como si hubiera hecho un gol. Lo grité por mi país y por mi bandera. Porque desde el día anterior la gente había dicho basta. Cobos nos enseñó a ser argentinos y si decía que si, el kirchnerismo nos iba a seguir empomando”. Son todas declaraciones textuales tomadas de archivos que cualquiera puede certificar.

¿En qué quedamos, Diego? Apoyaba a los Kirchner pero celebraba el triunfo de lo que los Kirchner habían definido como “la oligarquía golpista”. Otra vez jugando para Boca y River simultáneamente.

El colmo del doble discurso fue con Julio Grondona. Igual que su amigo Víctor Hugo Morales apoyó la estafa propagandística de Fútbol para Todos pero después calificaron a Julio Grondona de mafioso. ¿En qué quedamos? Maradona estuvo en aquel acto al lado de Cristina, Aníbal y el mismo don Julio de siempre?

En el mundial hizo un programa llamado “De Zurda” con el relator del relato y ambos le cobraron fortunas a Telesur el canal chavista mientas el pueblo de Venezuela no tenía ni tiene para comer.

La contradicción y el oportunismo es una constante en Diego. En su vida personal no me quiero meter. Pero su adicción a las drogas le generó un infierno a su vida familiar. El descontrol y la lengua pesada lo llevaron a decir que su ex mujer, Claudia y sus hijas a las que tantas veces dijo adorar, eran unas ladronas y que estaba dispuesto a meterlas presa si no le devolvían su dinero”.

Recién ahora está reconociendo a su hijo después de tantos años de ninguneo. Pero en estos días Diego sacó a relucir toda su furia cristinista y su odio al presidente Macri. Hay un video en el que está rodeado de pibes de La Cámpora donde canta “vamos a volver” con algún insulto en el medio que, muchos medios, decidimos no pasarlo por pudor. Está tan descontrolado que no puede coordinar sus movimientos ni sus palabras. Es una imagen patética y triste.

Es raro porque hace un tiempo, supo jugar en la quinta de Macri y en su equipo contra una formación integrada por Marcelo Tinelli y sus muchachos. Eran tiempos de buenas relaciones entre los tres. Hoy Diego habla pestes de Macri y también de Tinelli. Hay fotos de Maradona abrazado a Macri en el centenario de Boca Juniors cuando lo distinguieron con una medalla.

Pero últimamente, junto a Hebe Bonafini, el diez se convirtió en el crítico más despiadado del jefe de estado: Le dijo de todo, Que no sabe leer. Que el con segundo grado del comercial lee mejor que el ingeniero. Que es el peor presidente de la historia y que por su culpa el país está de rodillas y, finalmente, dijo que Macri “me haga lo que me haga, voy a ser cristinista hasta los huevos: ya nos vienen robando desde Franco Macri”.

Eso está por verse. Dio tantas vueltas Maradona que nunca se sabe. Hizo tantas gambetas que nunca es la última. De hecho calificó de traidor al intendente de Ezeiza, Alejandro Granados cuando el y su familia lo protegieron en sus momentos de crisis y hasta le dieron casi la dirección técnica de Tristán Súarez, el equipo de los Granados.
Con Guillermo Moreno son tal para cual. Agresivos, puteadores, groseros. Hay un video en donde juntos cantan la marcha peronista en el Vaticano con una bandera que dice: “Clarin, la tenes adentro”. El Papa Francisco lo recibió varias veces y el lo llama “Francisquito”.

Todos estos Maradona fueron y serán Maradona. Llegó a decir que Menem era inocente en el contrabando de armas y ahora mira para otro lado. Utilizó una remera que decía: “Aguante Mingo”, en defensa de Cavallo. Maradona amaga por izquierda y sale por derecha. Con la pelota en los pies era imparable. Pero afuera de la cancha, a esta altura, merece la tarjeta roja. ¿No le parece?

Ver también

29

Resumen de las noticias del día jueves 29 de diciembre de 2016

Las principales noticias del día en el resumen de cada mañana, la tapa de los …