domingo , 17 diciembre 2017

¿Qué comen los argentinos?

Un estudio muestra los excesos y deficiencias de la nutrición de la población. Explican los motivos detrás de la alimentación de baja calidad nutricional y revelan cuánto cuesta comer de manera saludable

Comer sano es caro. Mientras el último relevamiento de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) asegura que el precio de la canasta básica alimentaria de la Ciudad de Buenos Aires para una familia de cuatro integrantes es de 3.358 pesos, el costo de una canasta “saludable” de alimentos para la misma familia asciende a 6.025 pesos, según un estudio realizado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA).

Este último dato se desprende del trabajo “La mesa de los argentinos”, presentado recientemente en la Fundación Bunge y Born. El informe, que forma parte del “Proyecto Observatorio de Buenas Prácticas Nutricionales”, fue dirigido por el licenciado en Nutrición Sergio Britos y contó con la participación de las asistentes de investigación Ayelén Borg y Cecilia Simonetti.

En el estudio se analizó la calidad de la alimentación de la población argentina promedio y la brecha entre ésta y un modelo de dieta saludable.

De esta manera, el equipo de investigadores -que recibió el apoyo de Bunge Argentina- halló que la dieta de los argentinos se caracteriza por el escaso consumo de hortalizas, frutas, lácteos, pastas y legumbres; el exceso de azúcares, harinas refinadas y carne vacuna; la monotonía; la prevalencia de calorías de mínima calidad nutricional; la hidratación poco saludable y la deficiencia de calcio por el bajo consumo de leche.

A partir de la compilación de información estadística nacional originada por diferentes fuentes (gubernamentales, cámaras empresarias y auditoras de mercado), los investigadores elaboraron las Hojas de Consumo Aparente de Alimentos 2013/2014, que registran la información sobre la cantidad y tipo de alimentos disponibles para el consumo hogareño en el conjunto de la población argentina.

Al comparar esos consumos con las Guías Alimentarias y las recomendaciones de la Organización Mundial de Salud (OMS), comprobaron la magnitud de las brechas alimentarias, es decir la diferencia entre lo que se aconseja comer y lo que realmente se come.

Mediante esta metodología, se observaron deficiencias en el consumo de hortalizas, frutas, lácteos, pastas y legumbres y excesos en el caso de azúcares, harinas refinadas y carne vacuna.

En concreto, los argentinos comen un 60% menos de hortalizas y frutas que las que deberían consumir para llevar una dieta saludable y un 40% menos de lácteos que los recomendados.

En contraposición, el exceso en el consumo de carne vacuna es del orden del 100% mientras que el de azúcares y panificados es del 120%. “Como resultado, la calidad promedio de la dieta argentina es inferior a la mitad del estándar posible”, subrayan los autores del trabajo.

Este estándar surge de un índice de calidad elaborado por CEPEA, adaptado del conocido Healthy Eating Index de Estados Unidos, que considera distintos componentes de adecuación nutricional de la dieta en relación con los nutrientes esenciales, moderación en la ingesta de nutrientes críticos (grasas saturadas, sodio y azúcares agregados) y variedad o diversidad en los grupos alimentarios.

El estudio también midió un “puntaje nutricional”, que cuantifica la relación entre nutrientes esenciales y críticos. Esta medición arrojó que el puntaje alcanza la mitad del valor estándar.

LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

La dieta promedio de los argentinos se compone en un 60% de alimentos naturales o de muy bajo nivel de procesamiento, 20% de productos de nivel medio de procesamiento y otro tanto de productos muy procesados, de acuerdo con el trabajo de Britos y equipo.

En ese sentido, los autores llegan a la conclusión de que los desvíos poco saludables de la dieta típica argentina “no tienen su principal origen en malas prácticas nutricionales por parte de la industria alimentaria, sino que los errores más significativos se originan en los elevados consumos de pan de panadería, carne vacuna fresca, azúcar en infusiones y bebidas y sal agregada desde el salero”.

Por otra parte, el trabajo analizó en qué medida los perfiles nutricionales de alimentos industrializados, en particular su composición en sodio y azúcares, se modificaron entre 2012 y 2015. Según los investigadores, se observaron reducciones de sodio en las categorías de fiambres, pastas frescas, quesos y aderezos, y de azúcar en las galletitas dulces, aguas saborizadas y yogures.

(if) la prensa

Ver también

Dormir más o menos horas, una cuestión de genes

Un equipo de científicos  identificó el grupo de genes que determina por qué los seres …