sábado , 21 octubre 2017

Piden nuevamente el procesamiento del santacruceño Cameron por un caso de corrupción

La muerte de 14 mineros allá por 2004

El fiscal Moldes presentó una queja contra la denegatoria de un recurso de Casación y no ahorró ironías para los jueces de la Sala I de la Cámara Federal

La secuencia es simple: el 1 de agosto pasado La Sala I de la Cámara Federal porteña sobreseyó al secretario de energía Daniel Cameron por un caso de corrupción. Se lo dejó sin responsabilidad, en tanto integrante de la comisión fiscalizadora que debía controlar cómo realizaba un empresario privado la explotación del yacimiento carbonífero Río Turbio (YCRT). El empresario Sergio Taselli está procesado por el vaciamiento de la empresa, que, según los trabajadores, derivó en la muerte de 14 mineros allá por 2004.

Unos días después, el fiscal de Cámara Germán Moldes presentó un recurso de Casación en el que pedía que no quedaran impunes los casos de corrupción como el de Río Turbio. Para Moldes los integrantes de la Comisión Fiscalizadora no controlaron al concesionario y por eso permitieron el vaciamiento de la empresa que luego fue estatizada.

Habían procesado al santacruceño Daniel Cameron

El juez federal Sergio Torres había procesado a Cameron porque no se había controlado que los millonarios subsidios aportados por el Estado fueran utilizados por Taselli para mejorar la explotación de YCRT. En su indagatoria ante el juez Torres Cameron había dicho que no contaba con los recursos necesarios para controlar la administración de YCRT.

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Moldes explicó en su presentación de agosto pasado que “los funcionarios de la Comisión Fiscalizadora estaban obligados a controlar directamente las cuestiones materiales (máquinas, edificios, mantenimiento, avances y estancamientos del proyecto) y formales (libros contables, balances y operaciones comerciales). Pero no hicieron nada, simplemente no actuaron”. Para el fiscal “la actitud apática e indiferente hacia la defraudación que ocurría ante sus ojos, cumplía con los parámetros objetivos y subjetivos del delito de administración infiel en perjuicio de una administración pública en carácter de cómplices primarios”.

 Se pidió nuevamente el procesamiento de Cameron

El 5 de septiembre pasado los camaristas Eduardo Farah y Jorge Ballestero rechazaron el pedido de Moldes y le denegaron el recurso de Casación. El fiscal de Cámara presentó hoy una queja por el recurso que le negaron, volvió a pedir el procesamiento de Cameron y allí no ahorró ironías al referirse al caso.

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Moldes citó el rechazo de la Cámara donde se dijo que “el Fiscal no ha precisado cuáles son las razones concretas que lo distancian del juicio de mérito efectuado por esta Judicatura en cada uno de los casos analizados, flaqueza argumental que no puede ser subsanada a través de las grandilocuentes expresiones que ha utilizado a lo largo de la presentación”.

Y luego criticó lo dicho por Farah y Ballestero: “Convendrá pues dedicar esta pieza a demostrar que aquel escrito en el que se interpuso el recurso de casación está lejos de padece “flaqueza argumental”. Es más, en determinados aspectos yo no lo veo flaco sino más bien robusto, casi diría” argumentalmente sobrealimentado “si se me permite la expresión”. Como sea, es la primera vez que se me atribuye “grandilocuencia”.  ¿Qué me habrán querido decir? … ¿Será bueno o malo? Para salir de dudas recurrí al auxilio de un viejo amigo: el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. “grandilocuencia: 1- elocuencia muy abundante y elevada. 2- Estilo sublime “Aún cuando me veo obligado a agradecer profundamente a la Cámara el honor que de esta forma se me prodiga, aclaro de inmediato que lo considero inmerecido. Cuando cerré el diccionario confieso que, por un momento, sentí que se me inflaba un poquito el ego pero, honestamente, creo que el elogio es excesivo”.

 Un acto de corrupción bilateral

Moldes describió la maniobra para pedir de nuevo que el caso sea revisado por Casación: “Nos hallamos frente a un acto de corrupción bilateral: un grupo de agentes públicos, favoreció, más allá de toda duda razonable, la gestión ruinosa que un particular estaba llevando a cabo sobre un conjunto económico cuya concesión detentaba. Esos funcionarios desatendieron sus obligaciones, en el mejor de los casos, por desidia, indolencia o desaprensión, y en el peor, vaya uno a saber bajo qué influencias o por qué incentivos.

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La Justicia Federal ya está en condiciones de someter a juicio al particular y sus segundos por aquellos hechos, en cambio la resolución de la Sala I de la Cámara Federal ha declarado que las acciones que son parte –por favorecimiento indiscutido- de aquella defraudación, no fueron cometidas por los imputados, pese a que la prueba reunida en la larga instrucción demuestra lo contrario, ya que aquellos agentes públicos participaron de la entente criminal que perjudicó al Estado.

 Al juzgar las culpas del chancho

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Fiel a su estilo punzante, el fiscal Moldes apeló a un viejo refrán para explicar con más detalles lo sucedido: “Con la sagacidad de la sabiduría popular que aconseja, al juzgar las culpas del chancho (que seguramente las tiene) no descuidar las responsabilidades de quien le da de comer. Sería no sólo injusto, sino enfadoso e irritante que frente a una única causa de responsabilidad y a un mismo acontecimiento se dividieran los acusados en legiones de réprobos y de elegidos cuando en la causa no se advierten las razones de tal distingo”.

 La corrupción como un hecho en el que están involucrados los funcionarios

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Para cerrar su escrito, Moldes recordó que fue esa Sala de la Cámara la que hizo algo parecido -pero al revés- en otro caso de corrupción. Los camaristas dejaron fuera del proceso por dádivas a los empresarios de la empresa Trenes de Buenos Aires (que explotaba ferrocarriles y debía ser controlada por la Secretaría de Transporte) que le pagaron viajes en taxis aéreos a Ricardo Jaime y procesaron al funcionario. Moldes apeló, Casación revisó esa decisión y el caso está encaminado hacia el juicio oral y público. En aquella apelación y en esta Moldes utilizó una frase que describe la corrupción como un hecho en el que están involucrados los funcionarios y los empresarios: “hacen falta dos para bailar el tango”.

Infobae

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