lunes , 20 agosto 2018
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Petróleo: la economía global, otra vez condicionada por Medio Oriente

TUNEZ-“Estados Unidos sobrepasa a Rusia y Arabia Saudita como primer productor mundial de petróleo”, titularon numerosos medios de la prensa internacional a fines de 2013, según una nueva estimación. Entonces, la incertidumbre generada por la “primavera árabe”, y sobre todo, la interrupción de la producción en Libia, habían disparado el precio del barril de crudo, convirtiendo en rentable la cara explotación de las reservas de shale oil en Estados Unidos y Canadá.

Entonces, algunos analistas proclamaron la consecución de la independencia energética por Washington, la erosión del valor geoestratégico de Medio Oriente y, por tanto, el fin del intervencionismo norteamericano en la región. Casi cinco años después, el comentario más generoso que se puede hacer sobre aquellas previsiones es que ese futuro que describían todavía no ha llegado.

El temor a un recrudecimiento de las tensiones en Medio Oriente, sobre todo a raíz de la previsible decisión de retirar a su país del acuerdo nuclear iraní, ha provocado un ascenso continuado del precio del barril de petróleo hasta situarlo cerca de los 80 dólares, algo que parecía inverosímil hace tan solo un año. El pasado martes, en cuestión de horas, subió un 3%. Y respecto de 2016, el incremento ya es del 40%. Algunos expertos van más lejos y se atreven a pronosticar que antes de fin de año podría incluso superar la barrera psicológica de los 100 dólares.

En una era de cambios vertiginosos, algunas realidades se resisten a morir. Entre ellas, la condición de Medio Oriente como pieza determinante para la economía mundial. Curiosamente, este es un papel que ha ocupado durante siglos, desde que era nexo de unión entre China y Europa en la Ruta de la Seda. Cuando a principios del siglo XX parecía que la región podría caer en la irrelevancia geoestratégica fruto del progreso de los medios de transporte, el descubrimiento de ingentes reservas de petróleo volvió a situarla como objeto de la codicia de las grandes potencias. Según las últimas estimaciones, Medio Oriente atesora cerca del 50% de las reservas mundiales de petróleo.

Desde entonces, los traumáticos vaivenes políticos en Medio Oriente, marcados por el irresoluble conflicto árabe-israelí, provocan no solo convulsiones en las economías de sus vecinos, sino del mundo entero. Un súbito aumento del precio del crudo puede vaciar las arcas de un país con altos subsidios a la energía. O todo lo contrario, llenarlas si es un productor de petróleo. Y, obviamente, las repercusiones políticas de estos shocks externos son directas: regímenes que caen, guerras que se intensifican o autócratas que se consolidan comprando la paz social a base de petrodólares.

El impacto del petróleo

A pesar de la popularidad de las utopías tecnoambientales que nos prometen un mundo sin combustibles fósiles, con el auto eléctrico como antídoto contra el cambio climático, el petróleo continúa siendo la sangre que circula por las venas de la economía mundial. Sin su oxígeno, el sistema amenaza con colapsar. Probablemente, el mejor ejemplo de la influencia de Medio Oriente en la economía mundial sea el bloqueo decretado por los países árabes de la OPEP a Estados Unidos y los países occidentales como consecuencia de la Guerra de Yom Kipur en 1973, el cuarto conflicto bélico árabe-israelí. El encarecimiento del petróleo provocó una grave crisis económica en Occidente que por primera vez puso en duda la sostenibilidad de los Estados del bienestar creados en la posguerra.

El impacto es exactamente el inverso para los países productores. Mientras algunos países miran con preocupación a Medio Oriente y temen por la factura energética de los meses siguientes, otros se frotan las manos. Quién sabe si el reinado de Hugo Chávez en Venezuela habría sido tan largo si no hubiera coincidido con la guerra en Irak, la caída en la producción mundial de petróleo y la bonanza derivada de un precio del barril por las nubes.

El temor a que el petróleo iraní vuelva a ser declarado proscrito de la economía mundial mantendrá el precio del petróleo en valores altos los próximos meses. Ahora bien, los expertos creen improbable un aumento tal que desestabilice la entera economía mundial. Cuando el barril de Brent supera un determinado umbral, se convierte en rentable la extracción de shale oil a mayores profundidades. Es decir, que en un plazo relativamente corto, repunta la producción y se frena la espiral inflacionaria. Sin embargo, estos meses de ajuste pueden ser críticos para los países más expuestos a las variaciones del precio, sobre todo si ya padecen crisis políticas. Así, pues, habrá que seguir pendiente de las vicisitudes políticas de Medio Oriente.

 

 

 

 

 

 

(iF)La Nacion

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