martes , 17 octubre 2017

Pañuelo blanco, plata negra

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Todos los días, el matrimonio más corrupto de la historia democrática, queda desnudo en sus delitos de lesa inmoralidad. Néstor y Cristina como generales del plan sistemático para saquear del estado parieron una casta de ladrones que en muchos casos están en la cárcel de Ezeiza y en otros casos marchan rumbo a ese lugar a paso redoblado.

Asombra al mundo la magnitud, la extensión y la profundidad de las montañas de dólares y euros que le robaron al pueblo más necesitado de la Argentina. Solamente con recorrer los pasillos de tribunales de estos días impresiona la impunidad y la desfachatez que tuvieron para apropiarse de lo ajeno, o de ser chorros como le dijo Margarita Stolbizer a la mismísima Cristina que la había acusado de burra.

Cristina está atrapada sin salida en varias causas. La ruta del dinero, Hotesur, Los Sauces pero también demuestra su voracidad y codicia sin límites en otras causas que parecen menores pero muestran la calaña de la ex presidenta. Me refiero a que Lázaro Báez le pagaba las expensas del departamento en Recoleta donde vive ahora. O que la tripulación Aerolíneas Argentinas durmiera en el hotel de la familia Kirchner o que sus propiedades fueran alquiladas por Lázaro y Cristóbal. ¿Es necesaria tanta bulimia por el dinero? ¿Hasta las expensas se hacía pagar Cristina por su empleado Lázaro Báez? Quería el oro y también los centavos.

A Amado Boudou lo dejo para el final porque está involucrado en lo que a mi criterio es la peor de todas las causas judiciales. La estafa más nefasta.
Después de Néstor, Cristina y Boudou, en la jerarquía de la banda venían Julio de Vido y Aníbal Fernández. Son los dos personajes más desprestigiados de la Argentina. Ambos tienen 40 puntos porcentuales de diferencial negativo. Se ve que la gente no es tonta y detecta a los lugartenientes de la megacorrupción de estado a cielo abierto que instalaron los pingüinos.

A don Julio acaban de confirmarle el procesamiento y un embargo por 600 millones de pesos en el siniestro de estación Once donde murieron 52 personas humildes y trabajadoras. Y digo siniestro en el más amplio sentido de la palabra. Por ejemplo el siniestro concubinato entre gremialistas, empresarios y funcionarios kirchneristas unos más corruptos que otros. Allí hay que sumar a Ricardo Jaime, el corrupto confeso, que viene ganando el campeonato de mayor cantidad de procesamientos y que pasará un rato largo en prisión. La gente de Vialidad actual lo denuncia por fraude y asociación ilícita por las obras con sobreprecios atómicos que recibía Lázaro por trabajos que muchas veces no terminaba. A De Vido y Jaime además, los llamaron a indagatoria por esa empresa insólita única en el mundo de la aviación. Diez años pagando sueldos y nunca tuvo un avión y por supuesto lo único que volaron fueron los cheques.

Aníbal Fernández está procesado por otra estafa repugnante. El Plan Qunitas le metió la mano en el bolsillo a las embarazadas más desposeídas y encima las cunas que les dieron eran de tan mala calidad que se desfondaban en 5 minutos. Después se llaman a sí mismos nacionales y populares. Pero lo que tiene entre las cuerdas a Aníbal es que en donde aparece la palabra efedrina o drogas o narcos de inmediato aparece su nombre y apellido. Hablo del intento de apropiación del Sedronar, de los negocios con los precursores químicos, del triple crimen y del doble crimen. Todos los caminos conducen a Quilmes.

Lázaro y sus hijos van derechito al juicio oral. El doctor Cassanello está por resolverlo. Y de paso encargó al fiscal Marijuan que siga adelante con la confirmación de los vínculos con la familia Kirchner.
No le creo mucho a Antonio Stiuso que fue un agente de inteligencia a las órdenes de Néstor, pero dijo que Cristina mandó a matar a Nisman y que con Aníbal lo quisieron matar a él también. No fue magia, fue mafia.
Ni que hablar de Ricardo Echegaray y José Sbatella, los escudos protectores de los corruptos que según denunció Ibar Perez Corradi también metieron la mano en la lata en el caso del ex titular de la AFIP. O de Cristobal López al que acaban de inhibirle todos sus bienes. Se apropió de los 8.000 millones de pesos que recaudo solo como agente de retención, la misma gambeta a la ley que hizo otro dueño de medios cristinistas, Sergio Spolski que vaciaba empresas y se metía a su bolsillo 85 millones de aportes previsionales que les robó a sus trabajadores mientras recibía más de 300 millones de pesos de pauta oficial otorgada por Cristina. Cínica y con cara de piedra la ex presidenta autora intelectual de este desfalco de Spolski fue a solidarizarse con los laburantes que se quedaron en Pampa y la vía, colgados del pincel y encima patoteados por un presunto comprador.

Ese rápido resumen híper sintético es apenas un mínimo porcentaje del robo del siglo de la era de los Kirchner. Batieron todos los records. No hay antecedentes de semejantes malandras de estado. Fueron barriles sin fondo, insaciables.

Todo esto es gravísimo e inédito en la vida democrática. Pero creo que lo más grave fue haber ensuciado el pañuelo blanco de Hebe de Bonafini con el dinero negro y sucio de la corrupción. Ese ratero disfrazado de guevarista que hoy es Amado Boudou junto a la jefa de las Madres se fumaron 260 millones de pesos mediante un fideicomiso. Eso lo denunció Sergio Schocklender al que Hebe definió como a un hijo y que conocía bien de adentro todos los chanchullos y estafas. Esa pesadilla compartida alimentada por José López, el que tiene monjitas como ayudantes para esconder bolsos con 9 millones de dólares y por De Vido tenía la orden de Néstor primero y de Cristina después. La corrupción y la conducción del estado se centralizaron y condujeron con mano firme. Pero el día que murió Néstor todo se desmadró. Fue como una voz que les decía: muchachos, ahora ustedes también pueden robar. Y todos se lanzaron desenfrenadamente al deporte del enriquecimiento ilícito y al equipo de la asociación ilícita. Terminaron en vulgares ladriprogresistas los que soñaron con ser próceres de la emancipación nacional. En su cuesta abajo arrastraron convicciones, ilusiones, y mancharon para siempre a los derechos humanos. Los vaciaron de contenido y los llenaron de dólares sucios. Los Kirchner profanaron la bandera sagrada de los derechos humanos, los corrompieron y luego de usarlos como cobertura para sus actos delictivos los arrojaron a un costado del camino. Eso es imperdonable. Fueron mucho más que chorros de estado. Se robaron hasta las ilusiones y convirtieron algunos símbolos en la imagen de la decadencia. Un pañuelo blanco tapando la plata negra. Toda una metáfora de los que fueron los Kirchner.

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