domingo , 17 diciembre 2017

Padres, hijos y ¡celular! El tercero en la crianza

Las familias se vinculan distinto desde el desembarco de los dispositivos electrónicos al hogar. Los especialistas lo analizan y llegan a estas conclusiones.

El Smartphone acompaña la crianza, cuando los papás le entregan el teléfono a su hijo para estar comunicados en sus primeros pasos de autonomía, en el trayecto del cole a casa, para librarlos de los peligros de la calle. La casa es el refugio y la calle el lugar de la incertidumbre y el riesgo. En el hogar están “salvados”, consideran. Pero el celular los conecta con otra inmensidad no menos peligrosa, la virtual. Y allí, en el mullido sofá de la sala de estar, se quedan solos, flotando en el océano digital.

Entre estos dos espacios, que oscilan entre la sobreprotección y la soledad, tenemos niños sobre estimulados pero poco capaces de lidiar con la adicción que el teléfono propone, que la hiperconexión despierta. A la vez,los padres son padres dependientes de Google, también para resolver temas de la crianza:desde el grupo de mamis del WhatsApp hasta los foros que resuelven cuestiones básicas como “¿chupete sí o no?” ¿Cómo, entonces, pondremos límites a la adicción si estamos nosotros mismos enredados? ¿No salimos más?

Mauricio Strugo, licenciado en psicología, docente de la carrera de puericultura y coordinador de talleres de crianza para padres, opina: “Los niños son nativos digitales, nacen con la tecnología incorporada, no lo podemos negar. Las generaciones pasadas somos inmigrantes digitales, fuimos incorporando la tecnología a nuestra vida. Más allá de esto, no quiere decir que tengan que hacer un abuso de la misma. Muchas veces los padres, para tener tiempo para ellos, recurren a un uso excesivo de la tecnología como una manera de que los niños no molesten, estén tranquilos, no interrumpan sus tareas. Lo hacen a veces al estar cansados de estar todo el día con el niño o de trabajar.”

El arte de la conversación, ¿perdido?

La tecnología es capaz de interconectar a las personas de forma permanente pero, al mismo tiempo, su uso continuo invade las relaciones en el hogar. En esto, cada familia impone sus reglas. Algunos dirán: “el celular en la cena no”. ¿Y las restantes 23 horas? Otra estrategia será que ese sábado de sol radiante y espléndido, en el cual el chico se ve tentado de quedarse tirado en el sillón con sus amigos, los padres tengan una ametralladora de actividades al aire libre que proponerles, y no le hagan el juego al sedentarismo, sino que busquen alternativas que los entusiasmen. Entonces la otra alternativa es una agenda híper cargada que no da lugar a lo espontáneo.

“Muchas veces los adultos nos enojamos con esto [la adicción] y nos pasamos un montón de horas mirando el celular delante de nuestros hijos. Como ellos actúan por imitación, quieren hacer lo mismo que los padres, ¿por qué vamos a pretender que nuestros hijos hagan lo contrario? Tenemos que revisar nosotros cómo nos vinculamos con estos dispositivos. Y recién si hacemos una reducción del mismo a lo que sea necesario, entonces ahí podemos poner límite a nuestros hijos con respecto al uso”, agrega Strugo.

En los talleres de crianza gratuitos del Hospital Italiano de Buenos Aires se comparten experiencias cotidianas, muchas de ellas están relacionadas con la tecnología. Las especialistas Guillermina Peroni (licenciada en psicología), Inés Biedma (licenciada en psicología) y la pediatra Mercedes Bellomo nos comentan lo siguiente:

“El problema es que se cada vez más se están incorporando pantallas en los niños desde muy temprano para que ‘no molesten’, para que estén ‘tranquilos’ y para que ‘no se aburran’. Se está convirtiendo en un modo de calmar, de esperar, de distraer, de llenar el vacío, esto ocurre tanto en chicos como adultos. Lo que sucede es que los niños pequeños pierden la oportunidad de aprender a esperar, a imaginar desde el aburrimiento, a inhibir el movimiento para poder centrar la atención, a concentrarse, luego les cuesta quedarse quietos en la escuela y hasta el juego libre (que tan reparador es para las vivencias cotidianas en esta etapa). El uso de pantallas en exceso genera en los niños problema de atención, déficit en el desarrollo del lenguaje y sobrepeso.”

Algunos relatos de los talleres

“Mi mamá está siempre mirando el celular, yo le hablo y no contesta”; “Desde que tenemos Netflix, cada cual está en su cuarto viendo lo que quiere.”

Las pantallas -en especial los “jueguitos”- producen la estimulación continua de centros de gratificación inmediata en el cerebro, justamente lo contrario de lo que es adecuado para el crecimiento de los niños. Las experiencias sanas de juego contribuyen a lo contrario, a que los chicos desarrollen y consoliden progresivamente habilidades como la tolerancia a la espera y a la frustración, postergación de las gratificaciones, ensayo de diferentes roles sociales y enriquecimiento del pensamiento simbólico.

Muchas veces las familias no toleran el estar juntas sin planificación. El juego, el imprevisto, la espontaneidad real de las relaciones, se ve frustrada. El Smartphone llena y ocupa un espacio vacío, una pregunta, “¿cómo te fue en el cole?” y su auténtica respuesta, “¿cómo te sentís con respecto a esto?” Son momentos de profunda conexión que a veces asustan a los padres.
(IF) clarin

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