lunes , 22 enero 2018

Navidad y fin de año: tres claves para no comer de más

Planificar las comidas, una respiración consciente y disponerse a disfrutar, las recomendaciones de la licenciada en nutrición Patricia Robiano.

La comida y la bebida suelen ocupar un lugar protagónico en cada fiesta o reunión; y en Navidad y Año Nuevo, donde se suma una cuota emocional y el estrés acumulado durante todo el año, esto es aun más marcado. En ese contexto, el acto de comer tiende a transformarse en un explosivo impulso que, lejos de la gratificación que promete, amenaza con dejarnos un “mal sabor”.

Para escaparle a este círculo vicioso y pasar un muy buen momento, la recomendación es conocer cómo se relacionan el cuerpo y las emociones y, además, poner en marcha algunos tips.

Desde el punto de vista biológico, si partimos de un cuerpo en equilibrio entonces el acto de comer no se verá significativamente afectado, ya que al tener un balance nutricional óptimo, la auto regulación propia estará en marcha. En cambio, si el cuerpo presenta algún malestar o hay una falta de nutrientes esenciales, ese impulso de comer sin límites y todo tipo de alimentos, sobre todo a base de harinas y grasas saturadas, es lo esperado, quedando con menos posibilidades de comandar nuestras elecciones. Desde el punto de vista fisiológico, el estado previo del cuerpo puede predecir nuestro nivel de comportamiento con la comida. La diferencia sería “comer para abastecer un apetito sano, o el apetito enfermo”, respectivamente.

No obstante, lo cierto es que hay otra fuerza muy influyente que también domina, y es la acción de nuestro cerebro. Reuniones de cierta jerarquía psicoemocional, como son las fiestas de fin de año, son propicias para desencadenar una respuesta cerebral exagerada, posibles de canalizar favorablemente mediante el diálogo y distintas actividades antiestrés.

Si no se cuentan con suficientes recursos para reprogramar los pensamientos y emociones, es probable que la comida y la bebida ayuden a canalizar aquello que no se sabe o se puede expresar de otra manera. Es lo que le llamo “abastecer el apetito emocional de forma positiva, o negativa”, respectivamente.

En este sentido, diciembre despliega al instante la puja interna entre los “debo y no puedo” y los “no debo, pero quiero”, mezclados con el irrefrenable deseo de verse y sentirse muy bien.

Pero, ¡por suerte!, todo puede reconducirse y cambiar y los excesos pueden frenarse. Estos tips pueden ayudar en este camino.

Armarse de aliados. La “alimentación viva” (los alimentos frescos, sin cocción) serán bienvenidos. Aportarán gran cantidad de sustancias que ayudan a la digestión y que mejoran el metabolismo, que suelen perderse cuando el alimento se cocina. Presentar en la mesa varias opciones de este tipo será una buena decisión y una gran ayuda para quienes tienen el deseo de cuidarse.

Si sos la anfitriona de la reunión, buscá cocinar opciones ligeras y saludables. Algunas opciones:

Para la entrada y el plato principal: ensaladas gourmet con vegetales frescos y diferentes condimentos, brochettes de vegetales frescos y mezcla de frutas, patés de frutos secos (puede ser de semillas de girasol con distintos sabores) o de legumbres (como el hummus) o escabeche de vegetales con oliva.

Para el postre: ensaladas con frutas frescas, brochettes de frutas y chocolate, helados raw hechos con frutas frescas, como palta y banana.

Si sos la invitada, convendrá anticiparse y averiguar cuál será el menú. Esto ayudará a implementar otras estrategias. Comer algún alimento fresco -como una ensalada, un jugo de frutas o licuado al agua- antes de salir de casa, es una buena alternativa.

Claro está que esto no hará, por sí mismo, que desaparezcan las ganas de comer. Pero como, además de emociones somos un sistema biológico, comer alimentación vitalizada permitirá sentirse en mayor armonía y preparar el cuerpo para una excelente digestión.

Practicá una respiración consciente. Cuando estés en una reunión siempre es bueno recordar que “la comida no es tu problema, y tu cuerpo tampoco lo es”. Si deseamos ser moderados es bueno focalizar en estabilizar las emociones previas al acto de comer. Ese debe ser el desafío.

Un buen recurso es incorporar las “respiraciones conscientes”, ya que es la respiración quién domina el circuito del estrés interno. Probá realizarla ahora:

– Toma una postura suelta y relajada, preferentemente sentada y con los ojos cerrados.

– Pensá en el estado que deseás conseguir, cómo querés sentirte, para así agregarle una intención a la respiración.

– Comenzá exhalando por la boca todo el aire que tengas dentro de tu cuerpo. Una vez que esté todo el aire fuera, hacé una pequeña retención en ese estado e inhalá el aire nuevo lentamente y por la nariz. Cuando te hayas llenado de él, retenelo unos segundos y luego soltalo nuevamente por la boca, de forma suave y serena.

Disfrutá.
Muchas personas viven agobiadas con el mandato de “cuidarse” que, al pasar los días meses o incluso los años, se dan cuenta que lo único que han hecho fue destinar energía en la pelea entre el cuerpo y la comida, perdiéndose muchos buenos momentos.

Por eso, mantené la calma y ¡viví el momento! Una vez que estés en la fiesta, disfrutala. Esto es una decisión que tenés que tomar con la mente y no con tus emociones. Tu mente debe poder comandar los impulsos que el cuerpo y las emociones van a enviarte. Con amor y amabilidad, tomá el control de tu cuerpo y viví feliz de la experiencia. Los momentos que vivimos son las mejores pruebas de superación que podemos regalarnos. Recordá: ¡siempre, siempre, se puede empezar de nuevo y cambiar!

Patricia Robiano es licenciada en nutrición, diplomada en nutrición humana y dietética en España y coach personal. Miembro de la Asociación Argentina de Nutricionistas y de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar. Propone un tratamiento integral sobre el cuerpo, la mente y las emociones.

 

(iF)Clarin

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