viernes , 12 agosto 2022

Mensajes hallados en una cueva patagónica

Las pinturas rupestres del Alero de Charcamata (Santa Cruz) tienen una antigüedad de entre 5400 y 9000 años. El Alero de Charcamata en Santa Cruz se declaro patrimonio nacional, el sitio tiene pinturas de hasta 9000 años atrás.

Existe en la Patagonia, concretamente hacia el oeste de la provincia de Santa Cruz, un imaginario visual de extraordinaria riqueza patrimonial e identitaria (aunque la palabra no exista en el Diccionario de la Real Academia Española). Son pinturas rupestres –manos, hombres, animales, instrumentos de caza– que los antiguos pobladores dejaron como prueba de su existencia y su legado para el futuro. Se ubican en una formación rocosa, en la cuenca del Río Pinturas, exactamente en el Alero (saliente, galería) de Charcamata I y II.

No todas las etnias que eligieron esa representación simbólica de su cotidianeidad están identificadas. Carlos Aschero, el arqueólogo y científico más reconocido hoy por sus estudios en el Río Pinturas, Santa Cruz, sostiene que este testimonio elocuente no es herencia de los tehuelches, sino de otros pueblos ancestrales, cuya antigüedad se sitúa entre los 5400 y los 9000 años.

Aschero trabajó mucho con el legendario y ya fallecido Carlos J. Gradin, el primero en dar la noticia al mundo científico, en 1964, de la existencia de la Cueva de las Manos, ubicada en ese cañadón lacustre, entre Perito Moreno (no el famoso Glaciar ubicado en cercanías de El Calafate, más al sur) y Bajo Caracoles. Fue declarada patrimonio cultural de la Humanidad por Unesco en 1999. Entonces Gradin escribió en Recuerdos del Río Pinturas: “Cruzamos el río y levantamos el campamento en una rinconada de las bardas (…). Enseguida fuimos a mirar las pinturas. Salvo una que otra exclamación, nuestra admiración fue de silencioso respeto”.

Mensajes hallados en una cueva patagónica

 

Ahora mismo en el Alero de Charcamata –patrimonio histórico nacional conforme la declaratoria de la Comisión Nacional de Patrimonio, a cargo de Teresa Anchorena– Aschero se sigue maravillando por el legado cultural de los pueblos nativos que superpusieron sus respectivas cosmovisiones, siempre alrededor de lo que constituía su actividad principal: la caza y el guanaco.

 

Recuerdos en la piedra

 

Una charla con el arqueólogo arroja que aún hay mucho por saber, aunque lo que hoy se conoce del enclave es muchísimo, desde la perspectiva científica. La región no sólo importa por su riqueza cultural y patrimonial. Está ubicada donde la provincia es rica en yacimientos metalíferos (oro y plata). Una declaratoria protege el lugar de una depredación comercial y de la destrucción de los sitios arqueológicos. Por eso, la presidenta de la Comisión Nacional invitó al subdirector general de Unesco para la Cultura, Francesco Bandarin, a recorrer el Alero de Charcamata, porque dadas las representaciones rupestres allí existentes, bien podría incluirse como patrimonio mundial en el mediano plazo, y formar con la Cueva de las Manos un conjunto mejor protegido.

 

Los arqueólogos son reacios a abrir conjeturas sobre el terreno que pisan. Por eso, si uno insiste en preguntarles cuáles son los pueblos originarios que dejaron legados trascendentales, dirán que hasta el presente se sabe que los pobladores que habitaron esos refugios rocosos de Charcamata convivieron con el arte rupestre que dejaron sus antecesores y estos con el de otros. Así, hasta remontarse a 5400 años atrás.

Carlos Aschero respondió desde Tucumán, donde vive y desde donde se mueve por todo el país buscando vestigios de quiénes fuimos para conocer mejor quiénes somos. “Las pinturas en el gran abrigo rocoso, debajo del cual pasa el arroyo Charcamata, fueron realizadas hace más de 5000 años, aproximadamente, y son posteriores a las más antiguas de la Cueva de las Manos. O sea, a las escenas de caza que en la Cueva empiezan hace 9300 años. En Charcamata II, que es el gran Alero (mayor que el denominado Charcamata I) hay dos estilos: Cueva Grande y Charcamata”, cuenta el científico.

Subraya que “ambos aleros tienen representaciones de guanacos, guanacas preñadas, figuras humanas muy esquemáticas, negativos de manos y signos no figurativos. Pero ya no hay aquí escenas colectivas de caza como en la Cueva de las Manos. Sólo alguna escena de caza individual. Son pinturas que tienen su mayor despliegue iconográfico en los sitios mencionados. Y de estas hay algunas representaciones aisladas en la Cueva”.

Aschero señala que de las poblaciones autóctonas que habitaron la cuenca del Río Pinturas se sabe poco. Teresa Anchorena menciona que existió una llamada “ruta del guanaco”, detrás del cual iban los nativos para obtener de ellos la carne y la piel para protegerse de la inclemencia climática de la Patagonia. Y sostiene que ese trazado iba desde el Atlántico, cuyo clima en determinada época del año era más benigno, que en el oeste de la región, hasta casi el pie de la Cordillera. De allí que ambos aleros y la Cueva de las Manos pudiera ser refugio de los pobladores originarios.

El paisaje que recorren las pinturas del Alero de Charcamata II está referido a la caza, a las estrategias que aplicaban los nativos para capturar a los guanacos y huemules (hoy inexistentes, pero representados en el sitio), a las huellas que ellos mismos recorrían, no en forma de pisadas sino de líneas de puntos, y a la vida cotidiana. “No sabemos bien aún acerca de la etnia o población que produjo este arte rupestre. En todo caso, son pretehuelches. Poco se sabe de las poblaciones originarias del Río Pinturas. Es posible que en alguna época histórica haya vivido una parcialidad tehuelche conocida como los metcharnuwe, que significa ‘gente del país de la resina’, en alusión a la resina del molle (schinus molle), muy usada por los indígenas. Cuando los primeros colonos europeos llegan al Río Pinturas, encuentran familias tehuelches que procedían del norte de la Patagonia y habrían llegado tras las avanzadas de la Conquista del Desierto”, dice el arqueólogo.

Poco recoge la crónica periodística o la literatura de viajes de este conjunto patrimonial de invaluable riqueza; quizá haya más estudios académicos, pero por lo menos, dice Aschero, el trabajo sobre las pinturas rupestres y la arqueología de Charcamata II está en el libro de Gradin y Ana María Aguerre, titulado Contribución a la arqueología del Río Pinturas.

 

En busca del reconocimiento

 

Junto a especialistas santacruceños y Teresa Anchorena –presidenta de la Comisión Nacional de Patrimonio–, Francesco Bandarin –subdirector de Unesco en París, que acompaña a la flamante directora general, la francesa Audrey Azoulay (ex ministra de Cultura de su país)– estuvo en el Alero de Charcamata II y en la Cueva de las Manos hace poco tiempo y, aunque sin confirmarlo, les dijo a los funcionarios que no veía obstáculo para que la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad –que posee la cueva mencionada– pueda extenderse al Alero, pues constituyen un conjunto arqueológico.

En diálogo con Bandarin, que quedó impresionado con el arte rupestre de Charcamata, Aschero narra apasionadamente lo que los arqueólogos han deducido: “Ese animal, allá arriba, deben haberlo pintado usando quizá una escalera de palo. Algunos tienen dedos cortos, no sé si serán amputados. Hay mucho para estudiar acá. Los colores rojos pueden ser un punto de oxidación. Hay muchas superposiciones. Esos palotes esquemáticos son hombres. Algunos tienen el famoso lazo bola que llevan en el hombro. Hay también figuras incompletas y otras de lagartos de períodos muy tempranos. Los australianos tienen mucha experiencia en detectar los años de las pinturas. Lo sorprendente es cómo se conservaron hasta hoy. Estas pinturas tienen una técnica de fijación extraordinaria, muy importante. Donde hay un cazador y un guanaco es pura demarcación de los sitios. Es todo muy hermoso”.

Dice Aschero al respecto: “El objetivo de la visita de Bandarin era que viera el estado de conservación y las características de las pinturas rupestres, tanto del Alero como de otros sitios del área para ampliar la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Esta región guarda valiosos testimonios del arte rupestre (una secuencia completa entre los 9400 y los 500 años a. C.), así como de la arqueología de los cazadores y recolectores que la habitaron desde hace unos 10.500 años”.

Los arqueólogos como Aschero siguen el rastro de los patrones que se reiteran en el imaginario rupestre, en su diseño, e incluso en los elementos de piedra que encuentran, para poder así extraer conclusiones científicas sobre su organización social, los espacios que habitaban, la circulación de los grupos familiares y especialmente sus interacciones.

Si bien la Cueva de las Manos, a partir de la declaratoria de Unesco, se convirtió en uno de los sitios más visitados por el turismo que llega a la Patagonia, la ampliación de esa resolución siempre sobrecoge a los arqueólogos. Si un incremento del turismo puede hundir Venecia, cómo no preocuparse por una cuenca de sitios arqueológicos perdida en la meseta patagónica. “El turismo sólo puede llegar con guías. Les espera una larga caminata. No hay otra forma de entrar si no es con guías, que están al tanto del valor patrimonial de estas pinturas y conocen el camino. Esta modalidad de acceso ha permitido su preservación”.

Tras su visita a Charcamata y la Cueva de las Manos, con una abultada carpeta de la cuenca del Río Pinturas, Bandarin volvió a París. Su mandato en Unesco caduca en febrero del año próximo. Habrá que ver si para entonces ya echó a andar la ampliación de la declaratoria de patrimonio cultural de la Humanidad, la que reforzaría la protección que actualmente tiene de la provincia de Santa Cruz y del Estado nacional.

(if)clarin

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