domingo , 20 septiembre 2020
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Magallanes: Twitter, la adicción a hablar de nosotros mismos

Por Pablo Cassi Para el Espejo Diario

Nunca el hombre a través de la historia de la humanidad contó con tantos medios tecnológicos para comunicarse como ha venido ocurriendo en estas últimas dos décadas pero debemos agregar que nunca este mismo individuo ha estado más solo y más triste que en este siglo XXI. Un grupo de investigadores de la neurociencia de la Universidad de Harvard, descubrieron por qué gusta tanto a las personas hablar de sí mismas.

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El resultado de los estudios indica que a mayor grado de autorreferencia, ésta activa el sistema de recompensa del cerebro. Estos resultados fueron publicados en el capítulo “Compartir en Facebook, tan satisfactorio como el sexo”. Este estudio que comprende varias investigaciones, destaca que “Revelar información personal es intrínsecamente recompensatorio. La verdad de este estudio que no encontró a nadie que dijera que compartir en twitter, sea una experiencia orgásmica, pero lo que sí logro fue sugerir que los humanos obtienen recompensas neuroquímicas por compartir información, y que ésta es significativamente mayor cuando revelamos nuestros propios pensamientos y sentimientos.

Los realizadores del estudio, los psicólogos Diana Tamir y Jason Mitchell, realizaron escáneres a más de un centenar de sujetos, quienes fueron interrogados acerca de sus propias opiniones y sobre lo que pensaban de otras personas. Estos escáneres detectaron la denominada neuroimagen, que se activa en el cerebro frente a ciertos estímulos.  Los investigadores descubrieron que el sistema de la dopamina mesolímbica -la base del mecanismo de recompensa del cerebro- se activaba más cuando los sujetos hablaban de sí. Este sistema ha sido probado, arrojando como resultado las dos recompensas primarias (sexo y comida) y en segundo lugar el dinero. Los estudiosos están sorprendidos con estos resultados porque convocan a una “autorrevelación”, la que por primera vez activa el sistema de la dopamina mesolímbica, sin recibir un tangible como recompensa.

Lo que el estudio demuestra es una paradoja online. En lo que respecta a la información personal, no se sabe realmente cuánto es lo que se comparte, sí lo que se expresa o dice. Vale decir que entregar información no significa necesariamente, compartirla. “En los humanos existe un impulso intrínseco a revelar nuestros pensamientos a los demás. El estudio muestra que este impulso entrega una ventaja adaptativa”.

Los investigadores demostraron que ciertas actividades en la red -como revisar la bandeja de entrada de e-mail, el estado de Facebook o Twitter-, estimulan el sistema de recompensa del cerebro, el que funciona como las máquinas tragamonedas. Un estímulo constante, es saber que es muy probable que una persona no gane nada, pero que de vez en cuando otorga algo y que puede sorprender con un jackpot. La respuesta a este patrón impredecible está arraigada a más básica de las razones y este mismo ciclo de suspenso y emoción es el que mueve a los animales para cazar. Los buzones de correo y los tragamonedas, simplemente aprovechan un mecanismo de focalización de la atención, perfectamente diseñado para asegurarse de que no perdamos el interés.

El estudio realiza un análisis más profundo de las ventajas que nos da la autorreferencia, especialmente cuando creemos que al dar a conocer nuestros éxitos, viajes y adquisiciones de objetos constituyen una forma de alimentación social que fortaleza nuestra imagen.

¿Por qué tuitean los chilenos? Las respuestas son variadas y la gran mayoría dice que lo hace para espantar su soledad. Las mujeres, realizan este rito para comentar los últimos implantes de moda, encontrar con quien compartir su soledad existencial. Un personaje del ámbito local expresó que tuiteaba para que los demás conocieran aspectos de su vida mucho de los cuales son burdos y prosaicos y que a nadie interesan. También hubo quienes lo hacen para asesinar el tiempo inconsciente que vegeta a la sombra de un falso provenir. Una mujer de 50 años que no dudo en dar su nombre expresó con cierta ironía: “necesito que el resto me apruebe y de esta manera logro conseguir que mi baja autoestima suba algunos puntos en el ranking del anonimato y así oculto mis carencias emocionales”.

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