Domingo , 22 enero 2017
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Macri, Cristina y el campo

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Leuco – Copia

Tierra fértil. Así se podría definir la relación entre el presidente Mauricio Macri y el campo. Eso quedó demostrado el sábado con la presencia del presidente de la Nación, después de 15 años en la exposición Rural. Estaba tan distendido el jefe de estado que se quedó mucho más tiempo de lo habitual y hasta se arriesgó a jugar con su hija Antonia y sentarse sobre un caballo que estaba acostado en la pista.

Agradeció el desborde de energía positiva que es la que no hay que ahorrar y recordó que este gobierno le sacó la pata de encima al campo y le tendió la mano. Apeló a su sueño de unidad antigrieta (casi una utopía que va a tardar años en concretarse) diciendo que ahora somos todos juntos tirando del mismo carro para hacer crecer el país. Y que se terminó eso de ellos o nosotros. Se propuso terminar con la mentira y la corrupción y vivir con la verdad. Ahí es en donde mejor interpreta las demandas de amplios sectores sociales.

Cristina y el kirchnerismo tienen serios problemas con Macri. De hecho el ingeniero nacido en cuna de oro y alumno del Cardenal Newman los derrotó electoralmente cada vez que lo enfrentaron. Dos veces en la ciudad y una vez en las elecciones nacionales cuando venció a Daniel Scioli. Para que se produjera ese resultado, como suele ocurrir, hubo una multiplicidad de razones. La torpeza de Cristina como mariscal de la derrota de encapricharse con la candidatura de Aníbal, el dirigente más desprestigiado de la Argentina o la de llenar la lista de camporistas desconocidos e irrepresentativos fueron sus mayores errores. Pero hay algo ideológico que no les permite resolver la ecuación Macri. Es una incógnita que no pueden despejar. En política hay que caracterizar correctamente al enemigo o al adversario y a partir de allí diseñar una táctica adecuada. Los Kirchner ven en Macri lo que les gustaría ver y no lo que realmente Macri es. Son perezosos e infantiles. Lo definen como un neoliberal ortodoxo al estilo Martínez de Hoz o como un Hitler, según el delirio de Hebe de Bonafini tan escuchada por la militancia y tan despreciada por la inmensa mayoría de la población.

A Cristina y sus cómplices les gustaría luchar contra un neoliberal como Carlos Menem al que apoyaron en siete elecciones o contra un fascista. Pero insisto, en política se impone la realidad y no los deseos. Macri no es un neoliberal y mucho menos un fascista. Jamás mató una mosca, su modelo económico está más cerca del desarrollismo productivo con un fuerte rol del estado. Por eso Alfonso Prat Gay está donde está. Es un keynesiano de libro y hasta fue funcionario de Néstor Kirchner. Por eso el kirchnerismo no logra descifrar el jeroglífico Macri. Ven lo que quieren ver y no la realidad. Se autoengañan y dicen cosas que no se verifican en la práctica. Un neoliberal o un Hitler, no hubiera aumentado la asignación por hijo, ni las tarifas sociales ni hubiese parido la reparación histórica para tanto jubilado postergado ni hubiera devuelto el IVA a los más débiles. Si los Kirchner quieren derrocar a Macri van por el camino correcto. Serán acusados por la historia de golpistas. Pero si le quieren ganar limpiamente en elecciones libres deberían combatir al verdadero Macri y no al fantasma que ellos imaginan con su expresión de deseo. Su principal consigna es pobreza cero. ¿Eso es neoliberal o fascista? Busca la paz y la unidad nacional y aumentar la producción, el trabajo y el valor agregado. ¿Eso es Menem? De ninguna manera. De igual manera los kirchneristas (y también un sector grande de los radicales que no fueron el sábado) define incorrectamente a los productores agropecuarios. Ya no son más oligarcas concentrados, rentísticos e individualistas que desprecian la democracia.

Es cierto que en el pasado tuvieron comportamientos golpistas y antirepublicanos como cuando silbaron al presidente Raúl Alfonsín. Pero hoy cambió muchísimo eso. El campo es uno de cada tres trabajos, es innovación tecnológica de punta, es el sector más competitivo de la economía nacional. De hecho han generado el único indicador positivo: un superávit comercial de 480 millones de dólares en el primer semestre. Le doy un dato para que vea la dimensión de este dato. En igual período pero del año pasado, hubo déficit por una cifra similar. El salto fue notable. El campo ya está en marcha y todavía falta lo mejor. Macri llegó a decir: “No sé qué haría de mi vida sin el campo. Son mis abuelo, mis padres, mi familia en Tandil”. Habló de federalismo en serio. De ese que permite que no haya desarraigo y que cada hermano argentino trabaje en su tierra, con su familia y sus raíces y que no tenga que venir a las espaldas y los conurbanos de las grandes ciudades. Es un lugar común, pero es bien gráfico decir que hay que pasar de ser el granero del mundo a ser el supermercado.

Etchevere fue más duro políticamente con los Kirchner. Viene de una familia del radicalismo y cree en la libertad de prensa porque también está vinculado al mundo del periodismo en Entre Riós. No es conservador ni en las costumbres. Es moderno y audaz. No es Celedonio Pereda. Porque el campo de hoy no es el de aquella época y porque todos valoramos la democracia, la república y ya nadie ignora que hay que ayudar a hacer un país inclusivo con igualdad de oportunidades. Hoy lo oligarcas son los jerarcas peronistas enriquecidos y blindados. Hoy Cristina y sus cómplices tienen más tierras y dólares que la gran mayoría de los productores del campo. No hay nadie más terrateniente que Lázaro Báez. Etchevere apostó a terminar con las grietas y el odio y aclaró que no quieren venganza pero si justicia. Que vayan presos los que violaron la ley, como corresponde. Fue ovacionado cuando dijo “Vamos todos y no vamos por todo”. Gran definición. Antes del 2015 solo crecieron el delito y la pobreza. El jefe de la Rural no se privó de castigar al resto del empresariado porque, según dijo, están esperando que haya gobernabilidad y las próximas elecciones para invertir. Nosotros no especulamos. El campo ya arrancó y lo mejor está por venir, fue su apuesta.

Esa tierra fértil deberá multiplicarse a lo largo y a lo ancho de la patria. Que estos valores de trabajo e innovación, de fraternidad entre todos y de apuesta al crecimiento con inclusión y en libertad se multiplique por todo el territorio. Que los sectarios, los corruptos y los golpistas tengan que mirar el partido desde afuera. Que hayamos aprendido de nuestros errores y apostemos a la convivencia pacífica y al debate constructivo y pluralista. Ojalá esa tierra fértil sea el anticipo del país que viene. Ojalá el odio y el resentimiento del cristinismo sea el país que se va. Ojalá.

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