sábado , 14 diciembre 2019

Los escraches a Zannini

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Cambia, todo cambia. Se dio vuelta la tortilla de manera brutal para Carlos Zannini. Cambia todo cambia. Zannini que era hasta hace poco el poderoso monje negro y el comisario político de Cristina fue escrachado en dos oportunidades en menos de 24 horas. Y hace unos días le pasó lo mismo en un supermercado de Rio Gallegos.

Algo le comenté ayer sobre este tema tan inquietante. El domingo, en la cancha de Boca, durante el clásico con River, un grupo de hinchas insultó al ex candidato a vicepresidente y entonó canticos donde era tratada de h de p, de ladrón y corrupto. Un par de guardaespaldas o amigos corpulentos de Zannini le pegaron a uno de los que gritaba. La cuestión se puso muy delicada hasta que personal de seguridad del estadio lo tuvo que acompañar para que se retirara de la platea que ocupó sin problemas en los últimos 12 años.

Ayer Zannini fue hostigado nuevamente en un vuelo de American Airlans con destino a Miami. Varios pasajeros lo agredieron verbalmente, mientras le gritaban en su cara chorro, otra vez h de p, o volá por Aerolíneas Argentinas con Recalde. Incluso lo sacudían por viajar a los Estados Unidos pese a que el gobierno que el integró siempre habló pestes de ese país. Hasta hubo un instructor en artes marciales que le hacía cuernitos y se sacaba selfies mientras incitaba a que lo bajaran del vuelo. Todo muy penoso.

Tuvo que intervenir el piloto del avión para calmar a la gente. Amenazó a los pasajeros escrachadores con que el vuelo no iba a salir si seguían las agresiones.

Le decían que se iba a Miami a gastar la guita que les había robado a los argentinos. Pero en realidad, según el periodista Leonardo Mindez, viajaba a ver a su hija que lo acaba de hacer abuelo. Ella, María Paula Zannini y su esposo trabajan en la diplomacia argentina en Washington. Y ninguno renunció. Los otros tres hijos que también habían encontrado conchabos en el gobierno, siguen atornillados a sus cargos. Primero está la patria.

Zannini no entendía nada. Hasta el dia en que Cristina le ordenó que fuera el candidato a vice de Scioli no era demasiado conocido. Mantenía un perfil bajo, era una suerte de Rasputin detrás de los cortinados del poder. Solía caminar sin custodia por las calles porque nadie sabía quién era. Su frustrada candidatura le sumó un gran problema: ahora es una cara más familiar para muchos ciudadanos que se quieren vengar de tanto maltrato del gobierno de Cristina.

¿Qué está pasando en la sociedad? ¿Quienes quieren hacer justicia por mano propia? Hay una fuerte condena social hacia los que saquearon el país y se robaron millones de euros y dólares y hacia los que quisieron, pero no pudieron, instalar un chavismo pingüino y valijero.

Ya le dije ayer mi opinión negativa y de repudio absoluto a todo tipo de escrache. No importa quién sea el escrachado o el escrachador, creo que se trata de un mecanismo cobarde que tiene sus raíces en las hordas de Mussollini. Es un código que se aprende en el barrio. No se puede tolerar una pelea de muchos contra uno. Es un paso previo al linchamiento.

Ningún escrache es bueno. Ni el que le hicieron a Alberto Manguel en la feria del libro ni los que le hicieron a Zannini. Me parece una actitud facilista y oportunista. Mire que yo desprecio la nefasta actuación de Zannini y hace diez años que los vengo criticando sin eufemismos ni pelos en la lengua. Soy durísimo en la crítica desde hace una década y me enorgullezco de haber advertido tempranamente sobre las características de la banda de los Kirchner y el daño que le iban a hacer a la Argentina en todos los planos.

Así como le digo que no importa quién sea la víctima o el victimario, y que no estoy de acuerdo con ningún tipo de escrache, también debo decir sin vueltas que los que empezaron esta violencia cargada de odio en la sociedad fueron los Kirchner. La grieta, la fractura social expuesta, las agresiones las instalaron Néstor y Cristina. La democracia tenía muchos problemas antes de ellos, pero no teníamos ese enfrentamiento a muerte que fomentaron y fogonearon los integrantes del Frente para la Valija.

A los que no quieren que nunca más vuelvan personajes oscuros como Carlos Zannini, en lugar de apelar al escrache, les sugiero que aumenten la participación ciudadana. Que se sumen a un partido político, a una ONG o un sindicato o centro de estudiantes y sostengan con pasión sus ideas contrarias a los patoteros de estado y a los ladriprogresistas feudales. La política o el espacio ciudadano ofrece muchas posibilidades de canalizar esa condena social de una manera pacífica y constructiva. Participar en el armado de algo superador que nos permita desterrar para siempre a los corruptos y a los autoritarios.

Claro que eso no significa olvidar quien es y quien fue Zannini. Una broma que circuló hace un par de años habla de la mimetización de Zannini con el matrimonio Kirchner. Se preguntaba en caso de un divorcio entre Néstor y Cristina quien se quedaría con Zannini. Para ordenar verticalismo al justicialismo inventó esa frase humillante y castrense y castrista que dice “A la presidenta no se le habla, se la escucha”.

Zannini es el autor intelectual y ejecutor de todos los avances autoritarios e intentos hegemónicos del cristinismo.

Es el que diseñó el ataque a la justicia y al periodismo. El que quiso forjar un país con discurso único.

Zannini es un duro dogmático que se formó como marxista leninista maoísta y admirador de Albania, no de China. Fue un cuadro de Vanguardia Comunista que apoyó al clasismo combativo en el sindicalismo cordobés. Estuvo preso cuatro años y en la cárcel conoció a Gerardo Ferreyra, uno de los dueños de Electroingeniería que esa época militaba en la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo. Zannini nunca apoyó la lucha armada. Zannini fue el alter ego de Cristina, una Cristina con pantalones que se emociona cuando ve a su jefa levantar del dedito y dictar cátedra como si fuera La Pasionaria. Dicen que él fue muy cuidadoso a la hora de dibujar sus declaraciones patrimoniales. Y que su lugarteniente histórico, Carlos Liuzzi, es una especie de testaferro que maneja sus bienes. Por ahora la justicia tiene mucho que hacer en ese tema y en todas las rutas del dinero K. Carlos Alberto Zannini es un símbolo del dogmatismo extremo e infantil de estos años. Es un comandante de la tropa kirchnerista pero también, un soldado de Cristina.

Cambia todo cambia. El poderoso se quedó sin poder. El monje negro tuvo que dejar de lado la soberbia. Carlos Zannini está en su peor momento. El fantasma de lo que fue lo persigue. Se le apareció en un supermercado, en la cancha y en un avión. Frase sabia de un político italiano: el poder desgasta, pero desgasta más al que no lo tiene. Y Zannini lo sabe.

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