sábado , 19 septiembre 2020

«Las chicas que venían a trabajar se quedaban a dormir hasta que juntaban algo de dinero»

Río Gallegos.- La “madama” Ana Alicia Taviansky insistió una y otra vez que su prostíbulo de Puerto San Julián, era legal y que no podían cuestionarle la actividad que allí se realizaba. La mujer es acusada del delito de trata de persona junto a otra mujer en un juicio que comenzó ayer en la ciudad de San Miguel de Tucumán.

“Es una casa habitual en este tipo de negocios. Las chicas que venían a trabajar se quedaban a dormir los primeros días, hasta que juntaban algo de dinero para alquilarse un departamentito”, explicó la “madama” santacruceña. Sin embargo, al rato aclaró que las mujeres no vivían en el negocio.

En 2008, cuando se inició la investigación que llegó ayer a juicio oral, en el cabaret trabajaban entre 12 y 14 mujeres. El local abría todos los días de 23 a 6 (el horario, dijo la acusada, estaba establecido en una resolución municipal). Todos los 20 de diciembre cerraba sus puertas, y volvía a abrir el 1 de febrero.

En esa fecha, Taviansky conocida como “Samantha” se dedicó a viajar, según su declaración. “Soy una mujer viuda, puedo ir para donde quiera”, respondió, cuando la fiscala ad hoc Valentina García Salemi le preguntó si conocía La Rioja y otros posibles destinos prostibularios.

La acusada continuó explicando cuál era la actividad que se realizaba en el “Cabaret San Julián”, negando que allí haya habido prostitución. “Es un salón y las chicas son alternadoras. Toman copas con los clientes, les preguntan qué van a tomar, les cobran lo que van consumiendo. Tengo unas tarimas con caños donde se hacen shows. Pero no hay arreglos de tipo sexual”, describió Taviansky.

El “Cabaret San Julián” abrió sus puertas en 1999 hasta este año, dijo la imputada. García Salemi le preguntó si las mujeres que trabajaban en el negocio viajaban desde otras provincias. “Me abstengo de contar de dónde vienen las chicas”, respondió Taviansky. Más tarde aseguró que las chicas que eran de otra provincia y que llegaban hasta su local, habían estado trabajando antes en otro local de Santa Cruz, sobre todo en “Las Casitas”, la conocida zona de Río Gallegos cuyos prostíbulos fueron cerrados en 2009.

Según Taviansky, en Puerto San Julián, funcionaban unos cinco “cabarets”. “En este momento no quedó ninguno. Desde el 19 de marzo de este año cambiamos la patente y somos un pub”, contó la “madama”.

La fiscala García Salemi insistió en conocer cuál es la nueva actividad del negocio. “Un pub”, repitió la acusada. “Pero qué se hace en el pub”, interrogó la representante de la Procuraduría de la Nación. “Pool, confitería. Me voy a abstener de contestar cómo funciona el negocio”, dijo Taviansky, haciendo uso de su derecho a no contestar algunas preguntas.

Al ver que la fiscala avanzaba en conocer detalles de su negocio, la imputada se fue cerrando en su declaración. Llegó a contar que todas las mujeres que trabajaban en el local tenían una libreta sanitaria, porque así lo exigían las ordenanzas municipales, que dos o tres veces a la semana se realizaban controles en el negocio por parte de la Policía y de la Municipalidad, y que casi todas las chicas usaban nombres de fantasía. Evidentemente fastidiada, dio un resoplido y le dijo a los jueces: “no voy a seguir declarando”, y volvió al banquillo de los acusados.

La mujer está detenida desde el 26 de mayo, acusada de haber sido el contacto de Verónica del Jesús Olivera –prima de la víctima – para recibir a la adolescente de 17 años en su burdel. Oriunda de Comodoro Rivadavia, Taviansky se presentó ayer como jubilada ama de casa, dueña del local nocturno “Cabaret San Julián” ex “El Lobito”.

El traslado había comenzado el 21 de mayo de 2008, cuando Olivera y la adolescente subieron a un colectivo que iba a Córdoba. La menor, según denunció, escuchó una conversación que le hizo sospechar que su prima tenía intenciones de entregarla a una proxeneta, y logro enviarle un mensaje a su hermana. La Policía la rescató en la terminal de la capital cordobesa.

La principal defensa de Olivera fue el ataque. Dijo que su prima tenía problemas con sus padres, y que en varias oportunidades se había escapado de la casa. Por eso, aseguró que cuando viajaban a Santa Cruz, la denunciante iba voluntariamente. “Ella fue porque quiso. No entiendo por qué me quiere hacer daño diciendo estas cosas”, manifestó la imputada.

En su declaración, la acusada reconoció que “trabajó” en varias provincias y que viajaba constantemente. En mayo de 2008, una amiga le pasó el número de teléfono de una mujer que administraba un negocio en Santa Cruz. Se contactó con esa mujer (según la acusación sería Taviansky) y acordó el viaje.

Cuando estaba preparando sus cosas para ir al sur, su prima le dijo que estaba enojada con su padre. “En esa casa había mucho alcohol”, lanzó la acusada, justificando el hecho de que le ofreció a su pariente que viajara a Santa Cruz.

La mujer aseveró que cada una se compró su pasaje. “Ella vendió unas cosas que tenía para comprarlo”, explicó. En la terminal de ómnibus subieron a un colectivo de la empresa TAC y partieron hacia Córdoba. Después, de acuerdo a la declaración de Olivera, la menor le dijo que quería volverse. “Cuando llegamos a la terminal de Córdoba estaba la Policía”, expresó citada por el Diario La Gaceta.

La acusada negó que iba a obligarla a prostituirse. “Yo la iba a mantener hasta que consiguiera algo. Ella sabía lo que yo hacía, vivía de lo que podía”, declaró Olivera.

La declaración de la víctima tuvo una particularidad: las preguntas no la realizaron los abogados, sino la psicóloga María Paulina Maldonado, de la fundación María de los Ángeles. A pesar de la oposición del defensor Oficial Ciro Lo Pinto, para quien se vulneraba la garantía de defensa en juicio, Noli comunicó que el tribunal (integrado además por Gabriel Casas y Carlos Jiménez Montilla) había resuelto que los fiscales Leopoldo Peralta Palma y Valentina García Salemi, y los defensores oficiales Lo Pinto, Carolina Cuenya y Pamela Tenreyro, debían realizar las preguntas por escrito y entregárselas a la psicóloga. Las imputadas, durante la declaración de la víctima, fueron sacadas de la sala.

CM negó haber tenido problemas con su familia, como había afirmado la acusada. “Mi prima vino a contarme que se iba de viaje y me ofreció que me vaya con ella, que me iba a dar para comer hasta que consiguiera donde enseñar danzas folclóricas, que es lo que yo estudiaba”, declaró la denunciante.

A pesar de que la menor se negaba, su prima insistía. Finalmente, le dijo que sí, porque se había enojado con su madre. Olivera le pidió que la acompañara a la terminal de ómnibus para que buscaran los pasajes. Lo que CM no sabía es que el viaje iba a realizarse en ese mismo momento. Y subió al colectivo sin bolsos, con lo que tenía puesto. El pasaje con el que viajaba estaba a nombre de su hermana.

“Estaba muy triste porque me iba lejos de mi mamá. Me dormí y cuando me desperté, mi prima no estaba. Bajé al baño y la escuché hablando por teléfono con una tal ‘Karina’, a quien le decía que no se iba a arrepentir, que iba a hacer mucha plata conmigo”, declaró CM.

La víctima dijo que volvió a su asiento, y que al rato regresó su prima, quien dejó la campera con el teléfono celular y bajó a fumar un cigarrillo en la cabina de los choferes. Fue entonces cuando aprovechó para enviarle un mensaje de texto a su hermana, pidiéndole auxilio. Olivera, de acuerdo al relato de la denunciante, se sentó a su lado nuevamente. “Me decía que no era un trabajo difícil el que ella hacía, que si cerraba los ojos podía ganar hasta $ 200”, contó CM. Al llegar a la terminal de Córdoba, las esperaba la Policía. Al día siguiente volvió a casa. (Foto / Diario La Gaceta)

Ver también

HERNÁN ELORRIETA: “Seguimos trabajando para que los vecinos lasherenses tengan mejores condiciones de vida”.

El diputado por el municipio se refirió a la regulación del proyecto de Ferias Francas, …

Deja una respuesta