sábado , 16 diciembre 2017

La presidente adolescente

No es Hubris; es fanática megalomanía

Para poder hacer una adecuada evaluación acerca del comportamiento de un gobernante, es imprescindible observar detenidamente sus características, su discurso, y su comportamiento a lo largo del tiempo.
Se equivocan de medio a medio quienes tratan de explicar a CFK desde sus presuntos padecimientos psicológicos. Porque no están teniendo en cuenta quien fue y quien es Cristina Kirchner.

Sociedad Conyugal

Los Kirchner fueron una sociedad conyugal con fines de lucro, compuesta por dos mitades. Una política, Néstor, y una ideológica, Cristina. La sociedad funcionó aceitadamente desde los tempranos tiempos de Santa Cruz, y hasta el 27 de Octubre de 2010, el día en que la mitad política, se murió.
CFK debió, desde ese día, hacerse cargo de todas las actividades que desarrollaba su marido, tanto en el armado político del país, cuanto en los intrincados negocios familiares. Ella era un cuadro militante de ideología severa, no una gestora, ni mucho menos una estadista. Por eso fracasó.
Si usted mira hacia atrás y hace un balance del gobierno de CFK desde la muerte de Kirchner, se va a encontrar con una larga colección de sucesivos fracasos, matizada por desopilantes intentos revolucionarios de cargarse las instituciones de la república, y tratando de sostener una épica que atrasa 60 años. Eso es Cristina Kirchner. Una fundamentalista de los discursos de su propia adolescencia, políticamente absurda y técnicamente inoperante.

“Se equivocan de medio a medio quienes tratan de explicar a CFK desde sus presuntos padecimientos psicológicos. Debieran observar su naturaleza…”

El grave problema de muchos argentinos es que se creyeron que ella era otra cosa. Mitad por miedo, y mitad porque no supieron sustraerse a las campañas propagandísticas que la trataban de instalar como una gran dirigente.

El otro grave problema es que la enorme mayoría vota con el bolsillo. Y entonces, luego de la crisis del 2009, los posteriores atisbos de recuperación le hicieron ganar a CFK una presidencial con el 54% de los apoyos,
Allí pensó que la estaban votando porque suscribían su revolución. Y entonces vino el Vamos por Todo. Error adolescente si los hay. Los apoyos mayoritarios nunca son por amor. Son por conveniencia, o por espanto.

El entorno post Néstor

Cuando se muere Kirchner, Cristina confecciona un entorno propio con gente que ya estaba allí, pero que no tenía el predicamento que terminó adquiriendo. Pasa que Néstor tomaba todo y filtraba, para terminar decidiendo en soledad. Cristina se vio obligada a acatar, porque no tenía el bagaje político como para discernir.
Pasaron a tener mucha más importancia los cuadros que más se asemejaban a ella.
Zannini, Verbitsky, Garré, Kunkel; viejos cuadros de la izquierda setentista. Moreno, con una personalidad avasallante y patotera, casi exactamente igual a la de Cristina Kirchner. Kiciloff, con sus presuntos pergaminos intelectuales, que venía a inyectarle juventud a una ideología color sepia. Y Juan Manuel Abal Medina, todo un ícono por portación de apellido terroríficamente ilustre, en el imaginario de la presidente adolescente.
Por eso el auge e instalación de La Cámpora en todos los estamentos del estado, algo que Néstor nunca hubiera permitido, pero a quienes Cristina ve como la reedición de su vieja juventud maravillosa. Vio cuadros políticos donde sólo había cuadros militantes. Con La Cámpora, se reeditó a si misma. Fracasaron juntos.

Conclusiones

Cristina Kirchner podrá tener trastornos de la personalidad, o incluso, alguna patología psiquiátrica. Nada distinto a las de centenares de miles de argentinos, hay que decirlo.
La megalomanía que muestra viene de la mano con su ideología. Ningún analista serio puede escindir estas cuestiones. El, por estos días famoso, Sindrome de Hubris, ni siquiera existe para la medicina psiquiátrica. Es, apenas, una modesta construcción a la que algunos le asignan inmerecidos tintes de seriedad, y que intenta explicar lo que les pasa a los gobernantes ideológicamente extremos.
Es tan sencillo como eso. Le cabe tanto a Cristina Kirchner, como a Hugo Chávez. En otras esferas históricas y temporales, a Mussolini como a Hitler. Súmele a Stalin y , si quiere, hasta a Guevara. Sólo se trata de gobernantes y políticos megalómanos, que tratan de gobernar fanatizando.
Si algo bueno puede extraerse de la experiencia CFK, es el aprendizaje de los riesgos que entraña el fanatismo. La falta de reflexión, y de crítica al que piensa parecido a uno, y la idea de que si estás de mi misma vereda entonces todo lo que digas es sagrado.
Porque cuando los fanáticos tropiezan, nunca caen en soledad. Arrastran a mucha gente tras de sí.
Cristina Kirchner es, hoy, una fanática desesperada. Porque nadie le acerca una solución a los problemas de su gobierno, y porque la gente le ha dado las espaldas en las urnas.
La verdad es que no solamente sus médicos deberían estar preocupados.

Fuente: elopinadorporteño

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