Domingo , 28 mayo 2017

La joyería del poder: una atracción de oscuro pasado para políticos y jueces

Por Hugo Alconada Mon

Figuras muy conocidas, entre las que también hay empresarios y financistas, pasaron por Simonetta Orsini, un negocio que fue investigado por el FBI por tener vínculos con el crimen organizado

Simonetta Orsini es una joyería del poder. Por su local de la esquina de Posadas y Cerrito -una de las entradas al barrio porteño de Recoleta- pasan funcionarios, ex funcionarios, empresarios, jueces, fiscales, financistas y muchos más. Pero la mayoría de ese “círculo rojo” ignora el pasado, que la vincula con el lavado para algunos de los carteles del narcotráfico más poderosos del mundo, según surge de documentos oficiales de la Justicia de ese país y de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) que obtuvo y analizó La Nación.

Durante años, Simonetta Orsini operó con dos socios: Myriam “Mimí” Kohen -esposa de uno de los dueños de Electroingeniería- y Martín de Leeuw, condenado en Estados Unidos por lavar decenas de millones de dólares de los mayores carteles colombianos del narcotráfico.

Kohen jura que ya no integra la sociedad. Aclara que se abrió hace años, aunque aún se mueva como dueña por el local. Al frente quedó De Leeuw, quien recibió una pena a cuatro años y tres meses de prisión en Estados Unidos, más otros dos de libertad vigilada, tras admitir su culpa ante un juez federal en Chicago. Fue en los 90, aunque las últimas ramificaciones de esa causa penal se extendieron hasta mediados de la década pasada.

Para entonces, De Leeuw ya había retornado a la Argentina, donde se asoció con Kohen, la mujer del cordobés Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería. Juntos montaron Simonetta Orsini, que durante el kirchnerismo se convirtió en una de las principales joyerías de Buenos Aires, con sucursal en Punta del Este, según los registros contables de la firma que también obtuvo La Nación en los últimos dos meses.

En el balneario uruguayo, además, unieron fuerzas con otra familia de joyeros, los Orentrajch, quienes poco después terminaron detenidos por la operación Viñas Blancas, acusados de lavar millones para los narcos que intentaron traficar al menos 171 kilos de cocaína en botellas de vino.

Los narcos de Viñas Blancas fueron condenados, pero no los joyeros, que intentaron volver al ruedo. Hoy, uno de ellos, Andrés Orentrajch, trabaja en el local de Posadas y Cerrito de Simonetta Orsini, mientras que su hermano murió hace unas semanas bajo las balas del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) de la policía. Sus allegados consideran que fue un asesinato, puro y duro.

El anillo de Oyarbide

Frecuentado por funcionarios, empresarios, financistas, fiscales y jueces federales, Kohen y De Leeuw lograron que Simonetta Orsini se convirtiera en una escenografía reservada del poder durante la última década. Tanto allí como en el Petit Palais, que alquilaban en la calle Ayacucho, casi avenida Alvear.

En el local de Posadas y Cerrito fue, por ejemplo, donde Oyarbide compró su legendario anillo. Un Bulgari con un brillante de 10 kilates. ¿Costo real? 170.000 dólares, según los registros contables a los que accedió La Nación, aunque el ahora jubilado juez federal se vanagloriaba que le había costado 250.000 dólares. Y luego, cuando arreciaron las denuncias y las preguntas de la Justicia y el Consejo de la Magistratura ofreció otra versión. Dijo que los joyeros se lo prestaron.

Mientras tanto, en el salón para fumadores del último piso del Palais de la calle Ayacucho, entre habanos “edición limitada” que cuestan una pequeña fortuna, se tejieron negocios multimillonarios. También se urdieron otros -como las represas Kirchner y Cepernic- y se resolvieron problemas vinculados al poder. Ya fueran complicaciones judiciales o negocios, en la órbita del Ministerio de Planificación Federal que lideró Julio De Vido. O trabas a importaciones y exportaciones de productos.

Sin embargo, Kohen y De Leeuw remarcaron que ya no son socios, y negaron que su “relojería” -como ambos por separado prefirieron calificarla- funcione como un espacio informal para los negocios del poder.

Según surge de los registros contables, sin embargo, por Simonetta pasaron funcionarios kirchneristas. Entre otros, De Vido, Amado Boudou y Guillermo Moreno, o macristas como el hoy ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Edgardo Cenzón, quien durante 2015 actuó como recaudador jefe de la campaña presidencial de Mauricio Macri.

También pasaron por allí empresarios de la familia Werthein y Cristóbal López, el juez Ariel Lijo, fiscales, embajadores y valijeros como Leo Fariña. También Sebastián Forza -aportante a la campaña kirchnerista de 2007, luego asesinado en el triple crimen- y el ex secretario de Obras Públicas José López, hoy detenido por arrojar bolsos con millones de dólares a un convento que no es tal.

Listos para agasajarlos, los recibieron Kohen o De Leeuw, quien aparece como “Deleeuw” en los registros de la justicia federal de Estados Unidos, donde aún tiene prohibido su ingreso y él mismo constató cuando intentó gestionar un viaje.

“No me enorgullezco de lo que hice, fui un boludo, pero aprendí mucho de lo que viví”, dijo De Leeuw . “Yo tenía 27 años, estaba en el negocio de las esmeraldas e hice siete viajes a Colombia”, rememoró.

El FBI arrestó a De Leeuw en un restaurante de Newport Beach, California, en septiembre de 1992. Lo esposaron tras una investigación de dos años de agentes encubiertos que llevó a la detención de dos docenas de sospechosos de trabajar para los carteles de Cali y Medellín, aunque al menos una publicación también lo vinculó al cartel de Juárez, México, algo que De Leeuw negó. Y al allanar su vivienda decomisaron joyas. Según los investigadores, era una de las vías utilizadas para lavar el dinero narco.

El FBI detalló, además, que De Leeuw trabajaba para Antonio Yunez, un financista colombiano radicado en Chicago, desde donde lideraba las maniobras para lavar decenas de millones de dólares de los narcos. Cuando lo arrestaron, “Tony” se aprestaba a festejar su cumpleaños con una fiesta que tendría a Frank Sinatra como invitado de honor.

¿”Alejandro Aduana”?

De Leeuw admitió su culpa por lavado y conspiración para delinquir. Recibió una condena a prisión que en 1995 se redujo a cuatro años, aunque el proceso penal completo se cerró en 2004.

Para entonces, los Kirchner habían ingresado a la Casa Rosada, múltiples empresarios se expandieron al calor del poder y De Leeuw comenzó a ofrecerle a sus clientes los “contactos” con el Gobierno a través de Kohen, relataron algunos de esos clientes, algo que niegan tanto Kohen como De Leeuw.

De Leeuw negó también que cuenten con una protección especial de la Dirección General de Aduanas (DGA), o que una vez al mes pase por el local de Posadas y Cerrito un funcionario, al que en los registros contables de la joyería identifican como “Ale Adu”, lo que podría significar Alejandro Aduana. “Eso es falso”, remarcó el dueño de la joyería.

Los registros de Simonetta Orsini también muestran la multimillonaria facturación de la joyería -un cliente, por ejemplo, dejó su camioneta Audi como parte de pago y otro abonó 1,3 millones de euros por un reloj- y evidencian el stock enorme de relojes traídos desde Suiza con una curiosidad: no hay constancias en esos registros sobre cómo fue su importación, aunque De Leeuw aclaró que “todo es legal”.

Mientras tanto, su otrora jefe en la red de lavado, “Tony” Yunez salió de la cárcel, se radicó en Miami y comenzó a trabajar como agente inmobiliario. Se conectó con la farándula y hasta logró que Shakira lo contratara para vender su mansión en 2014. Pero en cuanto la cantante supo -o eso dijo- sobre su pasado narco, lo echó. A De Leeuw le fue mucho mejor en sus esfuerzos de reinserción social.

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