sábado , 23 junio 2018
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Melanie (Saoirse Ronan) descubre que posee dos almas (Foto: The Host página oficial)

La huésped

Por Camila Barreiro para El Espejejo Diario

Con un recurso de ciencia ficción similar al de su saga anterior, “Crepúsculo”, la nueva película de Stephenie Meyer propone una bajada moral en la que: “unidos somos mejores” y los defectos que componen al ser humano poco a poco destruyen a la tierra misma.
“La Huesped” (The Host) comienza ilusionando a quién la ve: persecuciones, buenos movimientos de cámara y planos que demuestran la calidad fotográfica y escenográfica del film. Todo indica que será una película con sesgos de acción similares a los de “Gatacca” -ópera prima del director Andrew Niccol, en la que se plantea un futuro en el cual se puede alterar a los seres humanos para que sean perfectos- cuando, en la primera escena, se muestra la huida de nuestra heroína, Melanie (Saoirse Ronan).
El espectador debe sumergirse en un mundo del futuro en el cual los cuerpos de los hombres han sido ocupados por almas alienígenas. Estas almas son “huéspedes” de quienes las portan y se caracterizan por dotar al receptor de unos impactantes ojos turquesas. La nueva raza formada es ordenada y amable pero, por sobre todas las cosas increíblemente ingenua. Obviamente, lejos de terminar allí, la premisa del film es que hay humanos no “ocupados” que resisten la invasión.

Hete aquí que la pobre protagonista es secuestrada por los extraterrestres y sometida al procedimiento para otorgarle una nueva alma. Pero Melanie sigue allí y puede comunicarse con su “ocupa”, Wanderer, con la que mantendrá conversaciones para disuadirla de no “robarle” sus recuerdos y terminar así con la resistencia. Claro está que en el libro los diálogos entre las dos muchachas deben haber sido muy interesantes, pero filmados se generan escenas vacías en las que sólo vemos a la joven Ronan en constantes dicotomías sobre qué acción llevar a cabo con voces en off.

Si hasta el momento la película podía llegar a ser innovadora todo se desvanece cuando, escapando, llega al escondite en la que se aloja la resistencia. Una cueva que de natural no tiene nada: paneles solares, campos de cultivo y, como si fuera poco, dos sensuales candidatos que se disputaran el amor de la muchacha, o mejor dicho, de las muchachas (el alma y el cuerpo). El alma, que ha sido huésped en otros planetas, se enamora de un ser humano y se generan situaciones extremadamente ridículas de peleas cuerpo vs. alma. Así poco a poco van amigándose Melanie y Wanderer para, unidas con la resistencia, luchar contra los alienígenas.
La intención de fundir acción, suspenso y romance en una misma película no parece funcionar. Ninguna de las características logra concretarse. Hay momentos de golpes bajos que no llegan a crear el clima ideal, por ejemplo, el hermanito menor de Melanie, Jamie (Chandler Canterbury), posee una herida letal de la cual no nos habíamos percatado hasta que lo vemos moribundo en su lecho y su curación es tan rápida que siquiera tememos que vaya a fallecer.
Las historias de la exitosa Meyer no logran ser narradas con la calidez característica de la autora en la pantalla grande. Otra película regular que cae en todos los cliches y brinda un final hollywoodense. Emocionará a todas las púberes que hayan leído el libro o adoren los finales felices.

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