Domingo , 28 mayo 2017

La historia de corrupción que estalló el martes pasado comenzó un día de 1994 por una desgracia

collageLa historia de corrupción que estalló el martes pasado comenzó un día de 1994 por una desgracia. Mientras hacía un trabajo particular, un cartel luminoso cayó sobre José Luis Porto, el presidente del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda de Santa Cruz, a cargo de la mayor parte de la obra pública provincial y gestor de los fondos derivados del Fonavi. El accidente le costó la vida.

El gobernador Néstor Kirchner mandó a llamar de urgencia a José López, un joven profesional de carrera intachable que había llegado dese Tucumán años antes y sin recursos. Se lo conocía en el pago chico patagónico por su fama de buen guitarrero en las peñas y había desembarcado en el organismo de Vialidad provincial para encarar una gestión técnica.

En su despacho, el gobernador le ofreció el trabajo del fallecido Porto, pero López lo rechazó sin rodeos ni gentilezas, aunque con argumentos. Le dijo que estaba cómodo con su lugar en Vialidad, que los proyectos marchaban según lo planeado y que se sentía a gusto con sus jefes.

Kirchner no aceptó el no. Le insistió con mayor vehemencia, le recordó que no se trataba de una invitación, sino de una orden y le aseguró que tenía grandes planes para su gestión al frente del organismo. López finalmente cedió ante la presión de Kirchner, pero le puso al jefe patagónico una condición para asumir: “Yo acepto, pero me sacás de ahí a toda la banda de delincuentes de De Vido”.

Se refería a Julio De Vido, quien por aquellos días era ministro de Economía y Obras Públicas de la provincia.

collageEn la misma oficina estaba el vicegobernador Eduardo Arnold, que dice recordar el episodio como si hubiese ocurrido “hace diez minutos”, según el relato que hizo a LA NACION.

Arnold acompañó a Kirchner como número dos de la conducción provincial entre 1991 y 1999, cuando terminó de enemistarse con su ex socio político. Desde ese momento acusó al kirchnerismo de las peores cosas.

Socios políticos

Desde la época de Santa Cruz que López y De Vido no se llevan bien. El tiempo no mejoró la convivencia, pero les permitió aprender reglas para que las molestias no condujeran a peleas insalvables.

Las resistencias recíprocas se mantuvieron a lo largo de los años, pero Kirchner ofició de jefe entre ambos y limitó las fricciones con una carta que jugaba en los momentos más difíciles: él, y sólo él, era quien tenía la última palabra.

Los elogios mutuos entre López y De Vido no deben llevar a confusión. Ese es el código de la relación que mantenía el ex ministro de Planificación con quienes tenía que tener trato por la voluntad de Kirchner antes que por su propio gusto.

Hay otros ejemplos más allá de López. El ex secretario de Energía, Daniel Cameron, otro funcionario proveniente de Santa Cruz que tenía línea consideraba a Kirchner su amigo y se entendía como pocos otros con Cristina Kirchner, presentó varias veces la renuncia por las disputas con De Vido, pero nunca se la aceptaron hasta que se la pidió Axel Kicillof.

Pese a eso, Cameron solía decir que defendía al proyecto y que era orgánico con su ministro, aunque en la misma frase criticara alguna de las decisiones de quien lo precedía en el organigrama.

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