Sábado , 21 enero 2017
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La caída de Echegaray

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Cualquiera lo puede confirmar en el archivo o en Google. Hace cuatro meses, en este mismo espacio editorial, al final de la columna, textualmente, hice la siguiente reflexión a modo de conclusión:

“Por todo esto creo que Ricardo Daniel Echegaray no puede seguir un minuto más al frente de la Auditoria General de la Nación. Es una falta de respeto y una mojada de oreja a todos los ciudadanos decentes que semejante personaje sea el encargado de bregar por la honradez y la transparencia de los funcionarios. Se lo digo con más claridad todavía. No se puede poner al lobo a cuidar el gallinero”.

Pasaron 120 días y con alegría republicana podemos decir que, cercado por la justicia y sin apoyo del Partido Justicialista, Echegaray, el lobo, va a dejar de cuidar el gallinero, porque se vio obligado a renunciar.

Es una buena noticia para los que soñamos con una Argentina más transparente y menos corrupta. Es una buena noticia, incluso que el principal candidato a reemplazarlo sea un peronista no kirchnerista que sabe del tema y que tiene fama de honesto. Hablo de Oscar Lamberto. Hay momentos en los que parece que no aprendemos más los argentinos y que no tenemos destino porque todavía andan dando vueltas personajes nefastos como Guillermo Moreno. Pero hay otros en los que parece que se hace la luz, que llegamos al final del túnel y en poco tiempo vamos a ver un país distinto donde los ladrones sean la excepción y no la regla como ocurrió durante el kirchnerato.

No quiero hacer leña del árbol caído de Echegaray pero una de mis tareas es informar a los ciudadanos con toda crudeza para que puedan sacar sus propias conclusiones y tomar sus propias determinaciones. El justicialismo le sacó la escalera y lo dejó colgado del pincel por varios motivos que me gustaría repetir para que no haya dudas.

La primera bala política que le entró en su blindaje fue la citación a declaración indagatoria que le hizo el juez Sebastián Casanello que, además, le prohibió salir del país. Fue toda una señal. Le habían soltado la mano. Eran tantas las acusaciones y las sospechas que ya no podían protegerlo más. En ese momento Echegaray comenzó a resbalar y ayer terminó de caer. Hoy está nuevamente en el llano. Ya no estará más en ese lugar clave que está destinado según la Constitución Nacional para un dirigente de la oposición. Fue Cristina (cuando no) la que lo impuso en ese lugar pese a la resistencia de los peronistas más históricos y menos camporistas.

Ahora se entienden muchas cosas. Cristina le quiso dar un premio a Ricardo Echegaray y de paso se quiso asegurar la mayor impunidad posible para los negociados del ladri progresismo feudal que ella encabezó. Según lo que escribió en el fallo de 122 páginas, el doctor Casanello apunta a Echegaray como una suerte de jefe del encubrimiento de la asociación ilícita que integró la familia Kirchner. Ese es el rol que tuvo que jugar Echegaray. Cada uno atiende su juego. La AFIP fue utilizada como un instrumento de castigo y hostigamiento a políticos disidentes y periodistas opositores pero, fundamentalmente como una coraza protectora que blindaba de impunidad a los malandras de estado. Echegaray fue el responsable de hacer eficiente para el mal a la AFIP. Fue el jefe de los encubridores. El que daba garantía y certificado de impunidad. Para decirlo en criollo: el que les decía “roben tranquilos muchachos que Papá los protege”. Echegaray incluso está procesado por instigación al falso testimonio.

Margarita Stolbizer fue la principal denunciante de estos mecanismos perversos y corruptos. El juez la cita a ella en su resolución. Es la pieza clave que permitió que la ruta del dinero K evadiera por los menos 830 millones de pesos en facturas truchas que luego eran lavadas en La Rosadita y otras entidades al servicio de la banda de kirchneristas enriquecidos a la velocidad de la luz.

El valijero arrepentido, Leonardo Fariña denunció que por cada factura trucha que Echegaray dejaba pasar, se llevaba el 15% de coima. Hasta el narco Ibar Pérez Corradi apuntó a Echegaray. Estaba todo tarifado.

Al que más protegió Echegaray, con excepción de Néstor, Cristina y Máximo fue a Lázaro. ¿Cómo fue el caso más burdo? En Bahía Blanca se descubrió una organización de empresas falsas que vendían facturas apócrifas a Austral Construcciones. La AFIP, obligada por las circunstancias, investigó solamente a los que las vendían y por eso hoy está preso Juan Ignacio Suris, el ex o actual novio de la vedette Mónica Farro. Pero, pero, aquí está la madre del borrego: no investigaron a los que compraron esas facturas inventadas. Peor todavía: para que la seccional de Bahía Blanca de la AFIP no siguiera indagando, Ricardo Echegaray, el ángel protector de los demonios K, disolvió esa oficina. Una locura producto de la impunidad que sentía. ¿Escuchó bien? Cerró la oficina de la AFIP en Bahía Blanca, 49 trabajadores cesaron en sus funciones y Bahía Blanca pasó a depender de Mar del Plata. Eso se llama borrar huellas y no macanas. En un alarde de poder cerró una oficina de la AFIP con 49 personas adentro con el solo objetivo de encubrir a Lázaro. Pregunta incisiva: ¿Alguien cree que Ricardo Echegaray se hubiera atrevido a cometer semejante delito sin la orden de Cristina? Esas facturas permitían evadir impuestos y disfrazar sobreprecios para las coimas y retornos de la obra pública con la que fue beneficiado Lázaro y sus cómplices.

Segunda pregunta incisiva: Si Echegaray tiene las manos tan manchadas, ¿Se imagina la mugre de Lázaro? ¿O la de Cristina?

La grotesca maniobra, como la bautizó el propio juez, prueba que Echegaray conoció y ocultó todo por lo menos durante dos años. ¿Qué recibió a cambio? ¿Dólares, euros, poder, impunidad?

La que primero lo puso en la mira fue, cuando no, Elisa Carrió. Lo acusó de instalar el autoritarismo extorsivo en la AFIP y hace unos meses lo impugnó por “falta de idoneidad moral”.

El fiscal Gerardo Pollicita también lo embocó. Pidió la indagatoria de Echegaray y también de Cristóbal López por el escandaloso caso de la evasión fraudulenta de 8 mil millones de pesos de la petrolera Oil. Pero la cuestión se complicó porque esta causa pasaría a integrar una megacausa por asociación ilícita, corrupción y defraudación a la administración pública. Insisto: se le vino la noche a Echegaray. Y eso que no estamos contando su rol durante el caso Ciccone, la fábrica de billetes de la que Amado Boudou quiso apropiarse. Su paso por la ONCCA no fue un ejemplo de transparencia y nadie olvida que fue el autor intelectual del allanamiento para intimidar al grupo Clarín que hizo en su momento con un despliegue espectacular.

Ricardo Daniel Echegaray está en problemas. Puede defenderse porque es abogado especialista en derecho tributario y fue guardamarina en el Liceo Naval Militar Capitan Moyano antes de incorporarse a UPAU, la fuerza universitaria que tributaba a la UCeDé, el partido de Alvaro y María Julia Alsogaray. En Santa Cruz se hizo amigo de Rudy Ulloa Igor y eso lo catapultó a la Aduana de Rio Gallegos en tiempos de Kirchner. Dicen que sus amistades en la Marina también lo ayudaron.

Ayer presentó la renuncia. El encubridor, el ángel protector de los demonios K, ahora deberá recorrer los tribunales y veremos como lo trata la señora de los ojos vendados. Una historia bien argentina con ritmo de tango que dice, Echegaray: “Hoy vas a entrar en mi pasado”. Chan chán.

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