sábado , 17 abril 2021

La ausencia de vacunas condiciona la estrategia de Alberto Fernández para enfrentar la segunda ola de COVID-19

El Presidente no tiene otra alternativa que extremar los controles de circulación ante la imposibilidad de acceder sin demoras a millones de dosis para evitar una catástrofe sanitaria causada por la pandemia

Alberto Fernández le tiene respeto intelectual al canciller mexicano Marcelo Ebrard. Y durante su último encuentro en Ciudad de México escuchó con atención como Ebrard explicó que los países más desarrollados se quedan con la mayoría de las vacunas contra el COVID-19, frente al escaso poder geopolítico de las naciones pobres de América Latina.

En ese viaje relámpago organizado para reunirse con Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el presidente argentino asumió que se dirigía a una compleja encrucijada política causada por la escasez de dosis destinadas a aplacar las consecuencias mortales de la segunda ola de la pandemia.

La información aportada por el canciller Ebrard a Alberto Fernández sólo sirvió para aceitar los reflejos políticos del jefe de Estado. Cuando arribó a Buenos Aires ordenó acelerar las negociaciones con China y forzó sus contactos con el Kremlin para evitar que la escasa producción de Sputnik V ponga en una encrucijada sanitaria a los 24 distritos de la Argentina.

Esas dos decisiones presidenciales lograron que Rusia enviará un cargamento acotado de dosis -arriban hoy a Ezeiza- y que la empresa china Sinopharm remitiera a Buenos Aires -la semana entrante- 3 millones de dosis que no se pueden usar para los grupos de riesgo de más de 60 años.

Es decir: las vacunas que se esperan de Moscú y Beijing son mínimas frente a la demanda social y al comienzo del otoño que puede traer la segunda ola de la pandemia.

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