viernes , 15 diciembre 2017
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“Éste es un mundo al que no le importa que la gente muera buscando la libertad”

“Éste es un mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, al que no le importa si hay niños que mueren de hambre, si hay familias que no tienen que comer ni la dignidad de llevar el pan a casa, si hay gente que huye de la esclavitud, del hambre, buscando la libertad y que encuentra muchas veces la muerte, como ha ocurrido ayer en Lampedusa”.

Francisco se ha referido con esas duras palabras a los más de 200 inmigrantes fallecidos ayer en un naufragio cuando trataban de alcanzar la isla siciliana de Lampedusa, realizando un profundo llamamiento a favor de la pobreza y a despojarse de la mundanidad. Lo ha hecho durante la visita que hoy está realizando a Asís, la ciudad natal de Francisco de Asís, el santo que abrazó la pobreza y del cual ha tomado prestado el nombre. En la misma sala en la que hace más de 800 años San Francisco renunció a todos los bienes materiales y se despojó simbólicamente de su ropa, rodeado de un grupo de pobres y de ‘sin techo’, el Papa ha predicado la necesidad de la Iglesia, de los cristianos y de toda la sociedad de despojarse de la mundanidad y de seguir el camino de la pobreza.

‘Cristianos de pastelería’

“Ésta es una buena ocasión para invitar a la Iglesia a expoliarse. La Iglesia somos todos, todos. Y todos debemos andar por el camino de Jesús, que hizo un camino de despojamiento y se convirtió en siervo, que quiso ser humillado hasta la cruz. Si queremos ser cristianos no hay otro camino. No podemos hacer cristianismo sin Jesús, sin cruz, sin despojarnos, porque si no seremos cristianos de pastelería, dulces, bonitos, pero no cristianos de verdad”, ha asegurado el Papa, que hoy almorzará en el comedor para necesitados de Cáritas en Asís junto con 54 pobres.

Con su habitual estilo didáctico el Pontífice ha insistido en que la Iglesia debe despojarse del peligro de la mundanidad. “El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo. La mundanidad lleva a la vanidad, al orgullo, a la prepotencia, al dinero”. El Papa ha añadido que es “muy triste encontrar un cristiano mundano, seguro de la seguridad que le da la fe y seguro de la seguridad que la da el mundo. No se puede estar de las dos partes”, añadió, subrayando que “la mundanidad es la lepra, el cáncer de la sociedad”.

“Es ridículo que un cristiano verdadero, un obispo, un cardenal, un Papa, vaya por el camino de la mundanidad, que mata el alma, que mata la Iglesia”, ha enfatizado.

Mirar ‘a los ojos’ a los pobres

En el discurso que llevaba preparado y que no llegó a leer porque prefirió improvisar, el Papa sostiene que “el cristiano no es uno al que se llena la boca con los pobres” sino uno “que los encuentra, que los mira a los ojos, que los toca”.

"Todos estamos llamados a ser pobres, a despojarnos de nosotros mismos. Y por eso debemos aprender a estar con los pobres, a compartir con quien está privado de lo necesario, a tocar la carne de Cristo", escribe el Papa, que también propina un tirón de orejas a la Iglesia, subrayando que ésta debe de emprender el camino de la pobreza y despojarse "del miedo de abrir las puertas y salir al encuentro de todos, especialmente de los más pobres". Francisco indica en ese sentido que la Iglesia debe "despojarse de todo lo que no es esencial", y que el mismo camino debe de seguir toda la sociedad. "Si queremos salvarnos del naufragio es necesario seguir la vía de la pobreza", escribe el Papa, aclarando que pobreza no es miseria (está última dice que debe ser combatida) sino "saber compartir, ser más solidario con los necesitados". Mundo es

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