martes , 10 diciembre 2019

El protector de los corruptos

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Ahora hay papeles, correos electrónicos y testimonios personales que confirman lo que todos ya sabíamos: que Ricardo Echegaray fue protector en jefe de los corruptos y por lo tanto fue un corrupto más. El robo del siglo K protagonizado por Cristina, Lázaro y Cristóbal no se podría haber ejecutado sin la participación del capo de la AFIP que es capaz de detectar el vuelo de una mosca evasora y dejó pasar manadas de elefantes estafadores que se robaron el dinero del pueblo pobre de la Argentina.

Ahora hay pruebas concretas y la declaración de Jaime Mecikovsky que certifican que por orden de Cristina, Julio de Vido y Jorge Capitanich, la AFIP se transformó en un escudo que ocultó varios de los sucesos más groseros de la megacorrupción de estado que se perpetró durante el ladriprogresismo feudal. Mecikovsky conoce el monstruo de adentro porque fue alto funcionario de la AFIP hasta que lo desplazaron por querer hacer su trabajo con honradez y transparencia. Ahora se presentó ante la justicia y aportó 95 carillas con todos los detalles del operativo de encubrimiento más grande que se haya montado en la historia democrática.

Eso fue mientras el cristinato estuvo en el poder. Pero hoy, desde el llano, se conformó un grupo de tareas encargado de bombardear las investigaciones de la justicia y de garantizar la impunidad de Cristina, Máximo y sus máximos socios, empleados y favorecedores, es decir Lázaro y Cristóbal. La estructura tiene 3 jefes pero un coordinador. El que lidera el operativo y conduce las operaciones periodísticas es Horacio Verbitsky y los dos restantes se dedican a meter la mano en la justicia: desde afuera Raul Eugenio Zaffaroni y desde adentro la procuradora eterna Alejandra Gils Carbó.

De todos modos quien ahora con las pruebas y testimonios de Mecikovsky quien queda bajo la lupa y en el centro de la escena es Ricardo Echegaray. Hace dos semanas yo se lo anticipé en esta misma columna.

Porque Ricardo Echegaray venía zafando del largo brazo de la justicia. Las balas de los tribunales le picaban cerca pero ninguna lo había tocado. Ahora su futuro se complicó de golpe y todo indica que se le viene la noche. En esta Argentina insólita es un juez apadrinado por La Cámpora como Sebastián Casanello el que lo va a sentar en el banquillo de los acusados. Ya le prohibió la salida de país.

Estamos hablando del actual titular de la poderosa Auditoria General de la Nación y ex titular de la muy poderosa AFIP. Varios bloques parlamentarios están esperando un procesamiento de Echegaray para desplazarlo de ese lugar clave que está destinado según la Constitución Nacional para un dirigente de la oposición. Fue Cristina (cuando no) la que lo impuso en ese lugar. Los peronistas más históricos y menos camporistas habían propuesto a Eduardo Fellner, ex gobernador de Jujuy y ex presidente del Partido Justicialista.

Ahora se entienden muchas cosas. Cristina le quiso dar un premio a Ricardo Echegaray y de paso se quiso asegurar la mayor impunidad posible para sus negociados. Según lo que escribió en el fallo de 122 páginas, el doctor Casanello apunta a Echegaray como una suerte de jefe del encubrimiento de la asociación ilícita que integró la familia Kirchner. Ese es el rol que tuvo que jugar Echegaray. Cada uno atiende su juego. La AFIP fue utilizada como un instrumento de castigo y hostigamiento a políticos disidentes y periodistas opositores pero, fundamentalmente como una coraza protectora que blindaba de impunidad a los malandras de estado. Echegaray fue el responsable de hacer eficiente para el mal a la AFIP. Fue el jefe de los encubridores. El que daba garantía y certificado de impunidad. Para decirlo en criollo: el que les decía “roben tranquilos muchachos que Papá los protege”.

Es la pieza clave que permitió que la ruta del dinero K evadiera por los menos 830 millones de pesos en facturas truchas que luego eran lavadas en La Rosadita y otras entidades al servicio de la banda de kirchneristas enriquecidos a la velocidad de la luz.

Al que más protegió Echegaray, con excepción de Néstor, Cristina y Máximo fue a Lázaro. ¿Cómo fue el caso más burdo? En Bahía Blanca se descubrió una organización de empresas falsas que vendían facturas apócrifas a Austral Construcciones. La AFIP, obligada por las circunstancias, investigó solamente a los que las vendían y por eso hoy está preso Juan Ignacio Suris, el ex novio de la vedette Mónica Farro. Pero, pero, aquí está la madre del borrego: no investigaron a los que compraron esas facturas inventadas. Peor todavía: para que la seccional de Bahía Blanca de la AFIP no siguiera indagando, Ricardo Echegaray, el ángel protector de los demonios K, disolvió esa oficina. Una locura producto de la impunidad que sentía. ¿Escuchó bien? Cerró la oficina de la AFIP en Bahía Blanca, 49 trabajadores cesaron en sus funciones y Bahía Blanca pasó a depender de Mar del Plata.

Eso se llama borrar huellas y no macanas. En un alarde de poder cerró una oficina de la AFIP con 49 personas adentro con el solo objetivo de encubrir a Lázaro. Pregunta incisiva: ¿Alguien cree que Ricardo Echegaray se hubiera atrevido a cometer semejante delito sin la orden de Cristina? Esas facturas permitían evadir impuestos y disfrazar sobreprecios para las coimas y retornos de la obra pública con la que fue beneficiado Lázaro y sus cómplices, como Angel Rubén Toninelli, el ex director de la DGI, que también fue citado por el juez.

Segunda pregunta incisiva: Si Echegaray tiene las manos tan manchadas, ¿Se imagina la mugre de Lázaro? ¿O la de Cristina?

La grotesca maniobra, como la bautizó el propio juez, prueba que Echegaray conoció y ocultó todo por lo menos durante dos años. ¿Qué recibió a cambio? ¿Dólares, euros, poder, impunidad?

El fiscal Gerardo Pollicita también lo embocó. Pidió la indagatoria de Echegaray y también de Cristóbal López por el escandaloso caso de la evasión fraudulenta de 8 mil millones de pesos de la petrolera Oil.

Insisto: se le viene la noche a Echegaray. Y eso que no estamos contando su rol durante el caso Ciccone, la fábrica de billetes de la que Amado Boudou quiso apropiarse. Su paso por la ONCCA no fue un ejemplo de transparencia y nadie olvida que fue el autor intelectual del allanamiento para intimidar al grupo Clarín que hizo en su momento con un despliegue espectacular.

Ricardo Daniel Echegaray está en problemas. Puede defenderse porque es abogado especialista en derecho tributario y fue guardamarina en el Liceo Naval Militar Capitan Moyano antes de incorporarse a UPAU, la fuerza universitaria que tributaba a la UCeDé, el partido de Alvaro y María Julia Alsogaray. En Santa Cruz se hizo amigo de Rudy Ulloa Igor y eso lo catapultó a la Aduana de Rio Gallegos en tiempos de Kirchner. Dicen que sus amistades en la Marina también lo ayudaron. Hay cuestiones insólitas en su vida: Fue profesor de educación Cívica en un colegio salesiano de Punta Alta, donde nació.

Por todo esto creo que Ricardo Daniel Echegaray no puede seguir un minuto más al frente de la Auditoria General de la Nación. Es una falta de respeto y una mojada de oreja a todos los ciudadanos decentes que semejante personaje sea el encargado de bregar por la honradez y la transparencia de los funcionarios. No se puede poner al protector de los corruptos, al jefe de los encubridores al frente del organismo que tiene que denunciarlos.
Se lo digo con más claridad todavía. No se puede poner al zorro a cuidar el gallinero.

Ver también

CLAUDIO VIDAL: «ES LAMENTABLE EL PAPEL DE YPF EN SANTA CRUZ»

El Secretario General del sindicato de petroleros, Claudio Vidal se expresó a través de redes …