domingo , 16 junio 2019

El obispo Romanín dejó su mensaje navideño

Un mensaje en conjunto con los obispos de nuestra región, en la búsqueda de reflexionar sobre dos realidades que brotan de la Navidad, la fe y la vida, Romanín dejó en claro que la “Navidad es la celebración anual del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios y de María”, y afirmó que “además es la renovación anual del amor de Dios Padre para toda la humanidad”.
 
Obispo Juan Carlos Romanín
 
 
«El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Rom.5, 5).
Así comienza el mensaje para la Navidad 2011 de los obispos de la región Patagonia – Comahue a los fieles. ¿Cuál es nuestra respuesta?
“Regalos, Papá Noel, “arbolito de Navidad”, vidrieras llenas de ofertas, preocupación por “la mesa navideña”, son temas frecuentes de nuestras conversaciones en este tiempo de Navidad.
Pero, ¿Qué es Navidad? ¿Qué celebramos?
La respuesta es simple. Navidad es la celebración anual del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios y de María. Es la renovación anual del amor de Dios Padre para toda la humanidad: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3,16). Y Jesús vino para que “tengamos vida y vida en abundancia” (Jn. 10,10)
Es por eso que queremos reflexionar con ustedes sobre dos realidades que brotan de la Navidad: la fe y la vida.

1) La fe en Dios
Con el salmista decimos: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente” (Sal. 42,3). El hombre siente necesidad de conocer más a Dios. Dios no ha desaparecido, ni ha muerto. Está presente en nuestras conversaciones (“Si Dios quiere”), en nuestros momentos de alegría (“Gracias a Dios”) o de dolor (“Dios, ayúdame”). Dios está presente. Somos un pueblo creyente.
Todos tenemos sed, no sólo de agua, sino de Dios, de un ser que calme nuestras ansiedades, nuestra búsqueda de felicidad, nuestro deseo de eternidad, que dé el verdadero sentido a la vida. En esta Navidad reconocemos que tenemos “sed de Dios” y que necesitamos recibirlo en ese niño “envuelto en pañales” nacido en Belén.

Por eso podemos preguntarnos:
a) ¿Cuándo en la vida hemos experimentado tener sed de algo más, “sed de Dios”?; b)   ¿Cómo hemos tratado de calmarla?; c) ¿Nos hemos encontrado con el Dios que calma nuestra “sed”? “Quédate con nosotros, Señor, fortalece nuestra fe de discípulos siempre atentos a tu voz. Ayúdanos a sentir la belleza de creer en Ti”.

2) La vida
El Dios que nos presenta la Navidad es el Dios de la vida. Nos dice el profeta Isaías en la Nochebuena: “Les ha nacido un niño” (Is. 9,5). Cuando en una familia nace un nuevo miembro, todos están contentos, felices y la vida se renueva en cada uno. Y al mismo tiempo nace el compromiso de  cuidarla, protegerla, ayudarla a que se desarrolle.
3) Bautizados
En esta Navidad con el apóstol Pablo decimos: “Bendito sea Dios Padre que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes” (Ef. 1, 3). Bendición que hacemos propia por medio del Bautismo. En el Bautismo, Dios Padre nos ha donado su vida, nos ha hecho hijos suyos, lo hemos reconocido y crecemos reconociéndolo como Padre nuestro. Ser hijos de Dios es nuestro compromiso de vida, es como nuestro ADN y comporta nuestra actitud de servicio a la vida, a la familia de los hijos de Dios (la Iglesia) y a toda la sociedad. La misma actitud que tuvo Jesús y que les enseñó a los Apóstoles a tener.

“No quedarnos de brazos cruzados”
No podemos quedarnos con los brazos cruzados, sin hacer nada. Al contrario, estamos todos invitados a desarrollar los dones que Dios nos ha dado para el bien de todos: “Hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común” (1 Cor. 12,4-7).

Es lo que la Navidad nos recuerda con fuerza. Dios llamó:
• A María  a ser la madre de Jesús,
• A José a ser el hombre de esa particular familia,
• A los pastores a ser los primeros en conocer el don del amor de Dios y a comunicarlo
• A los Ángeles a proclamar la alabanza festiva
• A los ancianos Simeón y Ana a atestiguar que en el Niño Jesús se cumple la promesa dada por Dios  al pueblo de la Antigua Alianza.  
Nuevamente nos preguntamos: a) ¿Qué don me ha dado Dios Padre?; b) ¿He reconocido el don de Dios y lo he puesto a servicio de los hermanos?; c) ¿Me uno con otros para anunciar, con mi vida y mis palabras, la presencia de Jesús, Señor de la Vida, en el mundo?
Continuamos rezando: “Quédate con nosotros Señor, envíanos como misioneros alegres para que nuestro pueblo en ti adore al Padre”. Padre Dios ¿qué quieres que haga con mi vida?.

Conclusión
La Navidad demuestra claramente que Dios confía plenamente en nosotros hasta enviarnos a su mismo Hijo a vivir con nosotros. “¿Cuál es nuestra respuesta?” ¿Nosotros le respondemos con nuestra fe en Él y nuestra vida cristiana? ¡Feliz Navidad y abundantes bendiciones para 2012!
Dios nos bendice y espera que cada uno sea bendición suya para los demás”.

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