lunes , 22 enero 2018

El Gran Bonete de los funcionarios de Santa Cruz ante lo irreversible

Por Lorenzo Quijano para El Espejo Diario

Puede sonar terrible, pero la ausencia irresponsable de autocrítica por parte de funcionarios y legisladores ante la evidencia de su flagrante incapacidad para el cumplimiento de sus obligaciones, ya no sorprende; puede causar indignación, vergüenza ajena, impotencia, pero no sorpresa. Es tan frecuente la búsqueda de la paja del ojo ajeno, la celeridad para sacarse el sayo y calzárselo a otro que, lamentablemente, ya se transformó en un acto de gobierno más. “¿Yo señor?¡No señor!”.

Es indignante ver cómo, ante un episodio con un final tan indeseado como es el deceso de un ser tan pequeño e indefenso, las excusas y las acusaciones a los otros, arrecian, es penoso ver cómo los funcionarios se atropellan en los medios buscando eludir sus propias responsabilidades y es irritante comprobar que legisladores tan verborrágicos para otras cuestiones, sólo emiten algunas palabrejas de circunstancias. “¿Yo señor?¡No señor!”.

Puede también indignarnos la desnaturalización humana demostrada por los progenitores de la niñita, pero esa indignación no debe distraernos de las propias responsabilidades humanas, políticas y comunitarias, nuestras responsabilidades como sociedad humana, como comunidad, al fin, como seres humanos. “¿Yo señor?¡No señor!”

Funcionarios políticos y legisladores parecen estar adiestrados exclusivamente para ocultar sus incapacidades con aclaraciones que oscurecen mientras preparan el filo para cortar el hilo por lo más delgado sin siquiera detenerse a preguntarse cuál es su responsabilidad en los hechos, rogando para su intimidad que otra noticia pueble los titulares de los diarios y deje en el olvido las consecuencias de su irresponsabilidad. “¿Yo señor?¡No señor!”

Hoy vemos cómo la Municipalidad de Río Gallegos y el Gobierno Provincial se pasan la pelota y se olvidan que los ciudadanos ya sabemos cabalmente que el Gran Bonete no existe. El Intendente Cantín encuentra la oportunidad para ocupar algunas líneas en los medios locales redundando con términos demagógicos, mientras que el principal responsable de la inacción que provocó el hecho que nos consterna a todos, el Secretario de Desarrollo Comunitario, se esconde y se llama a silencio. “¿Yo señor?¡No señor!”

Vemos también cómo el Gobierno Provincial no acusa recibo y continúa postergando la regularización de los Juzgados del Menor y La Familia, mientras la máxima responsable del área involucrada, la Ministra de Desarrollo Social, también mantiene silencio de radio. “¿Yo señor?¡No señor!”

Vemos además cómo la Justicia reacciona demasiado aceleradamente ordenado el allanamiento de las dependencias municipales involucradas, para cubrir con ese acto espasmódico su lentitud para accionar eficazmente ante la primera señal de que una beba de tres meses estaba sufriendo maltrato. “¿Yo señor?¡No señor!”

Todos buscan excusas para cubrir la cadena de irresposabilidades que derivó en la muerte de un ser indefenso y vulnerable, esas mismas irresponsabilidades que nos dejan indefensos y vulnerables a todos los ciudadanos. El incumplimiento de las tareas para las que son designados, la lentitud para hacer cumplir lo que la ley establece, la desidia para ejercer los controles que corresponden como autoridades de aplicación, la indiferencia de quienes deben ser garantes de los derechos ciudadanos consagrados por la Constitución Nacional. Estas son las causas que provocaron tan doloroso final.

“La única verdad es la realidad”, decía un relevante dirigente político y esta terrible realidad es tan verdadera como insoslayable.

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