Martes , 24 enero 2017
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Cristina tenía casi la suma del poder público

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Aníbal Fernández y Martin Sabbatella me quieren callar. Quieren ponerme una mordaza y censurarme. Aníbal ya me inició una querella que tengo el privilegio de compartir con Jorge Lanata, Luis Majul y Nicolás Wiñaski. No fui a la mediación porque ratifico todo lo que dije y seguiré diciendo de Aníbal.

Este fin de semana me enteré por los medios kirchneristas que Sabbatella también dijo que me va a llevar a la justicia por mis dichos y opiniones. Todavía no tengo ninguna notificación oficial pero dice que en una audiencia yo voy a tener que ratificar o rectificar lo que dije el martes pasado en la tele y en esta radio. No es necesario ningún trámite judicial. Públicamente y en este instante ratifico todo lo que dije de Cristina y de Sabbatella y lo voy a ampliar en este momento.

Es curioso pero Aníbal y Sabbatella fueron los integrantes de la fórmula a gobernador y vice que llevó al peronismo al peor fracaso electoral de su historia en la provincia de Buenos Aires. Fueron los mariscales de la derrota que posibilitaron el triunfo de María Eugenia Vidal y de Mauricio Macri. Fue tan rechazada esa boleta y tan catastrófico su resultado que ambos perdieron hasta en sus propios distritos, Quilmes y Morón, respectivamente.

Sabbatella me quiere silenciar porque el opina que yo no respeto la libertad de prensa. Suena tragicómico ese concepto en boca de quien fue el comisario político ejecutor de los ataques más virulentos a los medios y los periodistas independientes. Los autores intelectuales fueron Néstor y Cristina, pero Sabbatella fue el autor material desde el AFSCA, ese organismo que se dedicó a premiar a los empresarios del oligopolio amigo de los K con dinero de todos y a perseguir a quienes opinaban distinto o denunciaban los casos de corrupción que hoy acosan y ponen en duda el futuro político del kirchnerismo.

Sabbatella y la libertad de prensa son conceptos antagónicos. Fue una de las caras más visibles del plan sistemático que intentó convertir este país en una Venezuela chavista con medios solamente oficialistas o en una Cuba de diario, radio y televisión de un solo discurso autoritario.

Sabbatella fue obsecuente con Cristina y con Hebe Bonafini. No dijo una palabra ni de la utilización de la SIDE ni de la AFIP durante más de 12 años nefastos y apretadores. Calló y por lo tanto otorgó en todos los escraches y agresiones que sufrimos los periodistas durante estos años. Celebró el juicio mussoliniano en la plaza pública que hizo Bonafini contra varios periodistas. Miró para otro lado cuando se incitaba a los chicos a escupir los afiches con las caras de Magdalena Ruiz Guiñazú, por ejemplo. Antes de hacerse un talibán de Cristina, exhibía con orgullo el diario Clarín que informaba que el Wall Street Journal lo había destacado por su honestidad en el gobierno. Pero después satanizó a Clarín como la corpo, “el cáncer moral”, como decía su amigo Victor Hugo y se convirtió de nuevo en el feroz antiimperialista que había sido en su juventud estalinista.

Sabbatella llenó de familiafres y militantes de su partido todos los organismos que integró y los obligó a que dejaran el diezmo de sus sueldos para financiar la militancia. El decía que era voluntario, pero hubo gente que lo denunció porque nadie podía negarse a ese aporte compulsivo. Además era la confirmación de que casi todo su partido político tenía sueldo del estado. Pocos ejercieron el nepotismo extremo como el. No hay demasiados antecedentes. Mónica Macha su esposa es senadora provincial y Camila su hija también fue funcionaria. Hernán, su hermano fue candidato a intendente. Pero eso no es todo. Familias enteras de sus amigos pasaron a cobrar de los impuestos de todos los argentinos: los Larrache, los Zurano, los Ghi. ¿No será mucho? Tiene causas en la justicia por todo esto. Por cobrarle a los empleados un porcentaje de su sueldo para el partido y por abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público” según la imputación que en su momento le hizo el fiscal Carlos Stornelli.

Sabbatella fue el ariete del intento de sojuzgamiento del periodismo independiente que le estalló en las manos a Cristina. Es el que hoy frecuenta y pone las manos en el fuego por personajes violentos y agresivos como Fernando Esteche y Luis D’Elía y corruptos de magnitud como Amado Boudou o la propia Cristina. No dijo una palabra ni siquiera sobre Lázaro Báez. ¿Creerá que los millones y millones que robó son culpa del imperialismo y de Clarín? ¿O pone también las manos en el fuego por Lázaro, Jaime, López y demás ladrones de estado?

Sabbatella, reducido a su mínima expresión y casi sin representación política de envergadura, alienta desde todos sus militantes y sitios la consigna “Macri basura/ vos sos la dictadura”, vaciando de contenido el rol que jugaron los verdaderos genocidas y terroristas de estado de Videla y su banda criminal. Aplaude siempre. Sobre todo cuando Hebe dice que el presidente elegido democráticamente es igual a Mussollini o a Hitler.

Eso también es banalizar el holocausto. Son incapaces de expresar aunque se aun matiz diferente, una mínima crítica a semejante salvajada. Y por eso fogonea y respalda todo tipo de escrache y acto de desestabilización y erosión de la figura presidencial. Eso en cualquier lugar del mundo es golpismo en ciernes. A ocho meses de gobierno.
Este mini lugarteniente del ladriprogresismo fue tan oportunista que fue un acérrimo crítico del patotero fascista de Raul Otacehé, ex intendente de Merlo. Con metodología mafiosa había agredido a varios militantes, entre otros los de su partido. Pero bastó que Cristina saludara públicamente al vasco por su cumpleaños y le sobara el lomo públicamente para que Martincito no hablara más de Otachehe. Ya no era un patotero. Era su patotero.

Referente permanente de 678, donde esos salvajes me acusaban entre otras cosas de colaborar con los genocidas cuando él sabía que mi posición siempre fue mucho más comprometida en el tema de defensa de los derechos humanos que la de Cristina y Néstor.

Pero lo más humillante que hizo fue echar de su cargo a la representante del AFSCA en La Rioja porque era la abogada de la madre del soldado Agapito Ledo de cuya desaparición durante la dictadura está acusado el general Cesar Milani, el preferido de Cristina y Hebe.

Otros monigotes mediáticos como el autodenominado “Profe” Romero con perdón de los profesores, decía groseras mentiras por la cadena de medios chupamedias y cobradores de fortunas en pautas. Es más, con el dinero de todos los vecinos de Morón subsidió pasquines berretas editados por el Profe Romero que al servicio de Cristóbal López quiso ser interventor de radio 10 pero no duró ni 24 horas.

Mientras ocurría todo esto yo trabajaba sin relación de dependencia en tres medios que no eran del grupo Clarín.

Cristina tenía casi la suma del poder público. Aún en esas condiciones absolutamente desfavorables seguí criticando como lo hago ahora porque creo en el debate caliente, sin censuras, pese a las mentiras e insultos como los que recibía casi a diario.

Hoy sin la extorsión a la que sometieron a la justicia, hasta un juez federal, el doctor Alfredo López de Mar del Plata denuncia un plan sistemático para desestabilizar a Macri liderado por Cristina. Y a fiscales kirchneristas que protegen a los atacantes. Yo también creo eso. Y no me callo como no me callé nunca. Por más juicios que me hagan los adoradores del autoritarismo.

Eso es lo que quería decir. Que por más acoso judicial con el que intenten asfixiarme, lo único que me guía es la búsqueda de la verdad. Y eso es lo que voy a seguir haciendo como lo hago desde hace 38 años que ejerzo este maravilloso oficio. En este plano, que Anibal y Sabbatella me quieran censurar, lo tomo como una medalla profesional y la confirmación de que voy por el buen camino. Por el camino del periodismo.

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