Jueves , 23 marzo 2017
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Cristina: se acabó la mentira

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Cristina miente cuando pide que se haga una auditoría sobre la obra pública. Quiere patear la pelota para adelante, ganar tiempo y fingir que no hubo una corrupción feroz durante su gobierno y que ella no fue la responsable de ejecutar junto a su marido muerto el plan delictivo más grave de la historia democrática argentina. Son varias las auditorias que se hicieron y que ella quiso ignorar. Todas dicen que el sobreprecio para la coima fue de un 50% de promedio. Y a eso hay que agregarle las obras que se cobraron y no se hicieron. Casi la mitad de las obras que le dieron a Lázaro Báez no se terminaron. Y las cobraban como máximo a 30 días. El resto de las empresas, recién después de 120 días. Julio de Vido y José López fueron los autores materiales de semejante plan sistemático para saquear al país cuyos autores intelectuales fueron Néstor y Cristina. Si a la doctora le falla la memoria puede preguntarle al flamante miembro de la Corte Suprema, Horacio Rossati y al ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo porque motivo renunciaron. Se negaron a ser cómplices de lo que Cristina finge ignorar.

Cristina miente cuando dice que ella solo es una propietaria que cobra alquileres. Ella sabe perfectamente que la estafa que hizo tiene varias etapas. Primero: los alquileres que cobra son altísimos y totalmente fuera de la lógica de mercado. Siempre el matrimonio tuvo la suerte de tener inquilinos muy generosos dispuestos a pagar muy por encima de lo que valen el alquiler de esos inmuebles, como una forma de disimular los retornos o las coimas. Claro, sus principales inquilinos que tienen propiedades para tirar al techo y no se explica para que las utilizaban, fueron nada menos que Lázaro Báez y Cristóbal López, dos de los empresarios que se enriquecieron ilícita y atómicamente durante el kirchnerismo y que fueron beneficiados con obras públicas en cataratas o con prolongación de las concesiones de casinos y tragamonedas, por ejemplo.

Cristina no es una propietaria común. No puede explicar ni los precios que cobraba ni el motivo por el que Lázaro le pagaba con cheques a Máximo por habitaciones en los hoteles que no utilizaba. Los Kirchner y Los Báez fueron demasiado tontos o demasiado vivos. Y nos tomaron por tontos al resto de los argentinos.
Cristina miente porque dijo en Harvard que era una abogada exitosa. No hay un solo expediente que certifique que ella haya ganado litigios con su capacidad profesional. Todo lo contrario: las propiedades que compraron antes de llegar al poder fueron producto de embargos que le hicieron a la pobre gente que no pudo pagar las cuotas de esas casas producto de la 1.050, una ley de la dictadura que hundió en el desalojo a muchas familias pobres o de clase media.

Cristina miente cuando dice que defendió los derechos humanos desde siempre. No hay un solo antecedente audiovisual, ni documento escrito que muestre al matrimonio K presentando un habeas corpus por alguno de sus compañeros desaparecidos durante la dictadura ni un gesto de apoyo a los organismos hasta bien entrada la democracia mientras Néstor fue intendente y gobernador. Jamás dijeron una palabra a favor del juicio y castigo ni por la aparición con vida de los desaparecidos hasta que llegaron a la presidencia y comenzaron a utilizar el tema como escudo protector de la megacorrupción de estado. De hecho el propio Sergio Schocklender aseguró que la plata negra que ensució el pañuelo blanco de Hebe de Bonafini la recibían de De Vido y José López con la supervisión de Cristina.

Cristina miente cuando dice que fue progresista toda su vida. Ella y su marido compartieron 7 veces las boletas electorales con Carlos Menem que de progresista no tenía nada y fueron los mejores amigos y alumnos de Domingo Cavallo durante la convertibilidad. A través de Bombón Mercado, el ex marido de Alicia fueron militantes de Diego Ibañez, un emblema de la burocracia sindical derechista.

Cristina miente cuando dice que es una perseguida política y que lo que Mauricio Macri quiere borrar son los derechos sociales que instaló durante su gobierno. No hay una sola prueba o indicio de que la administración de Cambiemos tenga injerencia o presione a la justicia. Son los magistrados los que sin las extorsiones y los aprietes que había antes, se sienten con las manos libres para avanzar contra los delitos que los funcionarios de Cristina y ella misma cometieron desde el estado.

Cristina miente cuando habla maravillas del Papa Francisco como si lo hubiera valorado de toda la vida. La verdad es que se envenenó de bronca cuando fue designado y solo una comunicación con Rafael Correa, un ferviente católico, le hizo corregir su postura inicial. Jorge Bergoglio fue espiado por orden de Néstor que lo satanizó diciendo que era el jefe de la oposición y nunca más le dieron la satisfacción de hacer el tedeum desde la Catedral Metropolitana. Creían igual que lo que publicó Horacio Verbitsky que era un cómplice de la dictadura que tenía las manos manchadas de sangre por haber entregado a dos curitas a las mazmorras de Videla y compañía.

Cristina miente al hablar de las cifras de la pobreza, la inflación y la inseguridad preocupaciones muy profundas que negaron sistemáticamente mientras ella fue presidenta. Malversaron tanto los índices de crecimiento que le causaron a todos los ciudadanos una pérdida de 1.500 millones de dólares que llenaron los bolsillos buitres de quienes tenían bonos con el cupón atado al aumento del PBI.

Cristina miente cuando dice que tiene que ir al médico y le pide al juez Claudio Bonadio que le pase la citación de las 10 a las 13 horas. Es increíble que un médico no le pueda cambiar el turno a la ex presidenta. En realidad, Cristina Elisabet no se quiere cruzar con su socio Lázaro Báez que fue citado por el juez Casanello a las 10 de la mañana. Cristina se tiene que notificar por la causa de dólar futuro donde fue procesada por ese escándalo que nos costó perder más de 53 mil millones de pesos a todos los argentinos.

Cristina no se quiere ensuciar con Báez. Su hijo sale lejos de los hijos de Lázaro del aeropuerto. Como si Lázaro no hubiera sido el cómplice de Néstor, con el que cenó la última noche que estuvo vivo y que homenajeó con ese mausoleo faraónico que es un monumento a la corrupción.

Pronto estará en la cárcel de Ezeiza gran parte del gabinete de Julio de Vido. Cristina está pasando por el peor momento de su vida. En su dramático ajedrez, la ex presidenta sabe que la justicia decretó el jaque a la reina Cristina. Cristina miente pero está preocupada porque sabe que se le acabó la mentira. Y esa es la única verdad. Por más mentiras que siga diciendo.

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