miércoles , 11 diciembre 2019
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Cristina, negadora serial

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra

Después de más de 12 años, al kirchnerismo en general y a Cristina en particular se los puede definir de varias maneras. El ladriprogresismo feudal, los vaciadores y malversadores de los valores de los derechos humanos, el patoterismo de estado o el cártel del FPV, el Frente para la valija. Pero creo que a partir de ahora también los podemos caracterizar como los negadores seriales de la realidad.

El comunicado desmintiendo que la familia sea propietaria de hoteles es de una cara de piedra tremenda que subestima escandalosamente la inteligencia de los argentinos. Esta mañana, Diego, mi hijo, decía, que en cualquier momento van a negar que hayan sido presidentes. No solamente es intentar tapar el sol con las manos. Los papeles y las declaraciones certifican lo contrario. Pero además, los funcionarios de protocolo saben las veces que Cristina viajó al sur en aviones que pagamos todos nosotros llevando muebles, toallas y hasta sábanas de hilo de las más caras del mundo para abastecer a sus hoteles.

Decir que no tienen hoteles, que solo son propiedades, edificios que los que se los alquilan lo hacían para trabajarlos como hoteles es una burla incomprensible que habla mucho del estado psíquico y anímico de la ex presidenta. Me hizo acordar a Raúl Eugenio Zaffaroni, ex juez de la Corte Suprema y actual asesor en impunidad de Cristina que en su momento dijo que el solo había alquilado sus seis departamentos. Y que no tenía nada que ver con lo que hacían o el destino que le daban los inquilinos. Casualmente, las inquilinas se dedicaban a la prostitución. Vergonzoso, humillante para un juez que se dice progresista y defensor de la dignidad de la mujer y combatiente contra la trata. En este caso, casualmente, tanto Lázaro Báez y Cristóbal López dedicaron varias propiedades a la hotelería de lujo y alto nivel de sofisticación y hasta alquilaron un terreno baldío.
Resulta que ahora, cuando las papas queman y los papeles están muy flojos y las sospechas de lavado y corrupción son muy fuertes, los Kirchner nunca tuvieron hoteles.

De todos modos no debería sorprender esa compulsión a la negación serial, esa cerrazón que los lleva o la lleva desmentir lo evidente. Hay una enfermedad que se llama bovarismo, que es creerse sus propias mentiras. Ya en su momento Cristina dijo que la fortuna que tenía se debía a que había sido una exitosa abogada cuando no litigó jamás en su vida. Semejante mentira no fue dicha a pasar en un café. Fue dicha en la universidad de Harvard y como una respuesta a alumnos. Ella era la presidenta cuando Aníbal Fernández instaló tres conceptos en la historia del disparate: cuando dijo que la inseguridad era una sensación y cuando aseguró que en Alemania había más pobres que en la Argentina o que no había una inflación importante.

Es como decir que Néstor no se murió, que Florencia no fue madre, que Alicia no es gobernadora o que Máximo trabajó toda la vida en la calle ayudando a chicos a salir de la droga. ¿Se acuerda cuando Cristina dijo semejante mentira?

Todos los días se va descubriendo y comprobando las verdades que Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Jorge Lanata y un grupo no demasiado grande de periodistas anticiparon con bastante tiempo.

Por eso el fiscal Guillermo Marijuan quiere averiguar cómo es que Sandro Férgola, el número 2 de Vialidad Nacional durante la era K se enriqueció a la velocidad de la luz y de no tener donde caerse muerto ahora tiene seis estancias extensas y vive en un country de lujo. Todos los funcionarios, amigos, favorecedores y cómplices de los K se enriquecieron mientras la mayoría de los argentinos se empobreció. Julio de Vido, el cajero de la banda de saqueadores va a tener que explicar lo inexplicable de su fortuna y dejar de ampararse en los fueros porque el Congreso no puede ser un aguantadero. Y el propio ex vicepresidente Amado Boudou está desarrollando exitosamente su candidatura a preso y en los próximos días va a tener novedades y va a comprobar que ni sus viejos amigos ni los jueces K van a seguir protegiéndolo. Se rompió el pacto de impunidad. Si Julio de Vido fue procesado quiere decir que de ahí para abajo todos tienen que poner las barbas en remojo. No es un dato menor que Julio Mendoza, el presidente de Austral Construcciones haya prendido el ventilador cuando dijo que él no firmó ni un cheque y que el responsable de todos los choreos fue Lázaro levántate y devuelve lo que robaste.

La etapa superior de la mentira es la locura. Es vivir en un mundo irreal que la hace creer a Cristina sus propias mentiras y a pensar que el resto de la humanidad no tiene cerebro y puede ser engañada con facilidad. Mentir está mal en una presidente o en una ex. Pero mentir sabiendo que esa mentira se puede descubrir en forma instantánea tiene características psicológicas muy inquietantes. En mi último libro llamado Juicio y Castigo confieso que estuve a punto de ponerle como título, “La impostora”, parafraseando el texto de Javier Cercas. Es una autodefensa ante tantas mentiras dichas con toda impunidad y elocuencia.

Cercas, en su libro, hace una radiografía del impostor que podría ser una descripción profunda de Cristina. Allí se pregunta: ¿hay o no un límite para las mentiras que proclama el poder? ¿Hay una frontera ética, moral, sicológica para la mentira institucional? ¿Es una herramienta legítima o un vicio maldito? Es una picardía o una bajeza y una agresión, una sucia falta de respeto y una ruptura de la primera regla de la convivencia entre los seres humanos: decir la verdad”.

Decir la verdad es el primer contrato que firmamos los periodistas con nuestras audiencias. Y decir la verdad es que Cristina tiene bien ganada la posibilidad de que esta columna lleve de título: “Cristina, la impostora” o “la negadora serial”

Juan Domingo Perón, al que seguramente Cristina conoce, hizo famosas a dos de sus frases: una dice que la única verdad es la realidad y la otra, que de todos lados se puede volver, menos del ridículo. Eso es lo que pasa, Cristina, Máximo, Aníbal, Oscar Parrilli , entre otros patrones del mal de Santa Cruz han caído en el más terrible y brutal de los ridículos. Y por eso, no vuelven más. Nunca Más. A Dios gracias.

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