miércoles , 25 noviembre 2020

Cristina abandonó el luto y los rumores se disparan

Este martes 26/11 la Presidenta Cristina Fernández abandono el luto en su vestimenta, que mantiene desde hace tres años tras la muerte de su esposo, Néstor Kirchner. La presidenta recibió en Olivos al presidente del directorio de BASF y abandonó el luto definitivamente. Vistió una blusa blanca con transparencias. Ya había usado blanco en el video tras su reaparición después de seis semanas de ausencia. Los rumores del abandono de su luto y el supuesto romance con el jefe de su custodia.

Tras tres años de duelo, por la muerte de su esposo Néstor Kirchner, la Presidenta Cristina Fernández abandonó el duelo y se mostró este martes 26/11 con un atuendo de color blanco. Algo que rápidamente generó comentarios sobre todo en las redes sociales.

Es que, Cristina abandonó el luto. Lo hizo en una reunión que mantuvo con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en Olivos. La Presidenta se mostró con una musculosa blanca acompañada por una blusa del mismo color con transparencia bordada. Poco después, recibió al titular de la química internacional BASF, Kurt Bock.

Desde su aparición y tras seis semanas de ausencia la mandataria ya había demostrado indicios en la que se la veía con intenciones de abandonar el luto. El pasado lunes 18/11, se mostró en un video publicado en YouTube con una camisa blanca. Fue la primera vez que abandonó el negro completo.

Durante la jura de los nuevos ministros el pasado miércoles 20/11, Cristina volvió a utilizar el color blanco y ratificó su decisión de abandonar el luto. En esa ocasión, el cambio de color fue en la pollera larga.

¿A qué se debe el abandono del luto?

Son diversos los rumores que corren en torno al abandono de este estado, uno de ellos es un posible romance con el jefe de sus custodios: Diego Carbone. Desde que es primera dama, el principal Carbone es el guardaespaldas más importante de Cristina Kirchner. La sigue a sol y a sombra, en el país, en los viajes al extranjero, los fines de semana cuando viaja a Santa Cruz. Cuando ella camina en público él es quien le abre paso, o la sigue a muy corta distancia, según la ocasión. Y cuando la Presidenta se acerca a los vallados a saludar a sus simpatizantes, debe lidiar con esas manos y dedos emocionados que buscan abrazarla, tocarla, apretujarla.

La relación entre Cristina, Carbone y el propio Kirchner ya había sido rescatada con una «anécdota» en el libro «Los Amores de Cristina», del periodista de Noticias Franco Lindner. Entre sus páginas 119 y 120, dice así:

«Una vez le preguntaron a ella qué haría en caso de una infidelidad de su marido. Respondió:

—Si me engaña, primero lo mato. Y después me divorcio.

Los antiguos colaboradores de Kirchner recuerdan el día en que habría tomado de las solapas aun custodio de la Pre­sidenta, Diego Carbone, para gritarle:

—¡Te volvés a acercar a ella y te mato!

Kirchner creyó detectar alguna aproximación del custodio hacia Cristina y actuó en consecuencia. Y no le importó que Carbone años antes hubiera estado entre los que le do­naron sangre y le salvaron la vida cuando él sufrió una he­morragia gástrica.

Los secretarios de la jefa, a su vez, siguen repitiendo la historia de cómo Cristina hizo echar de una inauguración de obra en El Calafate a Ángela Girometti, viuda de un empre­sario de la construcción, dueña de hoteles en Santa Cruz y —lo más importante— amiga de Kirchner. La mujer se iba a sentar en el palco, pero no la dejaron.

Los colaboradores de él contraatacan: evocan las repetidas escenas de celos que el gobernador varado en el Sur le hacía a la legisladora que brillaba en el Congreso nacional y pasaba cuatro días a la semana en Buenos Aires, sola en su departamento de Recoleta. Además, rememoran cómo años después, ya con Cristina en el poder central, Kirch­ner sistemáticamente esmerilaba a los hombres en los que ella pretendía apoyarse para gobernar. Lo saben muy bien Amado Boudou, Coqui Capitanich, Sergio Massa, Martín Lousteau y otros, y si Axel Kicillof lo ignora es porque lle­gó último: conoció a la Presidenta cuando Kirchner ya ha­bía muerto.

La lista de reproches mutuos es extensa y sórdida, pero muestra que los celos eran un factor fundamental en el matrimonio, acaso el motor que mantenía viva la pasión. La Presidenta no se equivoca cuando dice que Kirchner fue el hombre de su vida, el que más la quiso y la prote­gió. Si hasta la coronó su reina, cuando nadie creía que él iba a cederle la Presidencia tras cuatro años de exitosa gestión propia. ¿Qué prueba de amor más elocuente puede pedírsele?».

(Urgente24)

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