viernes , 19 octubre 2018

Boca-Barcelona, Copa Joan Gamper: con tantos de Malcom, Messi y Rafinha, el equipo catalán goleó 3-0

El trofeo Joan Gamper es una patente en la ciudad de Lionel Messi. Por eso, para el Barcelona, la ocasión servía para presentarles a sus aficionados los refuerzos y el plantel completo para encarar la temporada 2018/2019. Sin embargo, en Boca no lo tomaron como un amistoso: “No venimos a hacer turismo”, había sentenciado Guillermo Barros Schelotto en la previa.

 

El bicampeón del fútbol argentino no viajó para experimentar la nueva sensación de enfrentar al capitán de la selección. Boca fue a España a ganar, a ratificar su buen momento en el fútbol argentino e ilusionarse con poner una cruz sobre la fecha y no olvidárselo jamás. No obstante, el local, a través de su jerarquía internacional, hizo la diferencia se quedó con el trofeo por 3-0, con goles de Malcom, Messi (ambos en el primer tiempo) y Rafinha.

Los de Guillermo Barros Schelotto se plantaron en el Camp Nou con seriedad. Así y todo, no le alcanzó y fue vencido con goleada. Porque Barcelona es Barcelona. No lució como puede hacerlo, pero sus nombres mundialmente importantes hicieron la diferencia que el xeneize, muchas veces, suele hacer en el ámbito local.

Suena raro, pero lo del local no fue abrumador. Quizás le puso todavía más intensidad cuando al salir al campo en el complemento hizo ocho modificaciones: punto lógico, porque los suplentes del campeón de España quieren mostrarse para ganar consideración con Ernesto Valverde, el entrenador. Pero la conclusión final es la que se repite en cada Mundial de Clubes y la que predominó en el último Mundial de Rusia: los de Europa están muy por encima de los sudamericanos. Eso es lo que se vio en el amistoso.

Los catalanes fueron directos con velocidades enormemente diferentes y le sacaron jugo a las fallas de un conjunto boquense que se animó a jugar, especialmente en el primer tiempo, y a arriesgar, mucho más suelto que cuando tiene la responsabilidad de ganar en la Copa Libertadores, Superliga o Copa Argentina. Hubo salidas, justamente, imitando al adversario de turno: desde el arquero, triangulando desde el área propia hasta la del rival. A veces salió, pero en otros intentos existieron errores.

Fue Julio Buffarini la imagen de los dos primeros goles. Primero, a los 17′, dándole tiempo y espacio a la zurda potente del brasilero Malcom, uno de los cuatros refuerzos blaugrana, que definió cruzado ante un Andrada que hizo lo que estaba a su alcance. Y a los 38′, nada más y nada menos que Lionel Messi quedó mano a mano con Andrada tras la mala fortuna del lateral derecho: cortó el pase filtrado del N°10, pero se le terminó yendo larga y Leo aprovechó la desubicación de Paolo Goltz para picársela sutilmente al arquero.

Fue la primera vez de Messi enfrentando a Boca, aunque solo lo hizo por 45 minutos, en los que fue el mejor junto a Coutinho. La suerte de Messi en ese segundo tanto fue la que no tuvo la ofensiva boquense unos minutos después: en la más peligrosa de los hombres de Barros Schelotto, Sebastián Villa sacó la contra, definió al segundo palo, pero éste le negó el gol. Y detrás suyo llegó Nahitan Nández para definir, pero Samuel Umtiti cubrió el lugar del arquero alemán Ter Stegen y la rechazó en la línea.

En el segundo tiempo se hizo un partido más chato, entre los cambios de un equipo y otro. Boca sintió el cansancio de haber jugado el domingo ante Talleres, el mismo día que el Barcelona le ganó la Supercopa de España al Sevilla, en Marruecos. Diferencias de jerarquía y de físico que los catalanes impusieron en el partido, sin ser el equipo abrumador que suele ser.

Pese a esto, Andrada fue de lo mejor de Boca. Negó con buenas tapadas una goleada mayor. Pero nada pudo hacer ante la combinación de Luis Suárez y Rafinha: el uruguayo le dio un pase milimétrico por arriba de los zagueros y el volante brasilero definió con el arco a su merced tras la vaselina que inventó sobre el arquero de Boca.

El Barcelona de Messi y compañía terminó levantando la copa de manera relajada, sin despeinarse. Y Boca, que pese a la goleada les dejó una buena imagen a sus hinchas, sacó la misma conclusión que los demás equipos de su continente: los sudamericanos están lejos de emparejar el dominio europeo.

 

 

 

 

 

(iF)La Nacion

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