sábado , 21 octubre 2017

Beso de rebelión

Cuando Enma Green saltó al estadio Luzhniki para disputar la final del salto de altura, sus uñas no eran punto de interés. La IAAF, salomónica, intentando apartar la polémica de los focos lo más posible, había decidido vetar la laca multicolor de la sueca que desató las declaraciones de una Yelena Isimbayeva desconocida. Imposible imaginar que la reivindicación llegaría desde dentro, de integrantes del propio equipo ruso. Menos aún que sería en el podio, con dos atletas del mismo sexo, Kseniya Ryzhova y Tatyana Firova, ambas oro en el relevo 4×400, besándose en un claro desafío a la norma ya bautizada como ‘anti-gay’.

Como Tommie Smith y John Carlos en México’68, aquel podio de los 200 metros, puño en alto y enguantado, protesta contra el racismo vinculada erróneamente al movimiento radical de los Panteras Negras. Tal vez el podio más recordado de todos los tiempos, ahora con un símil ruso en defensa de los derechos de gays y lesbianas.

Es posible que ‘El Zar de la homofobia’ sea el apodo menos agresivo con el que se ha rebautizado a Vladimir Putin desde que el presidente de Rusia decidiera firmar y dar validez a una nueva normativa que prohíbe la ‘propaganda homosexual’, es decir, dar visibilidad a cualquier gesto o actitud con el que se muestre apoyo o solidaridad con las relaciones no heterosexuales.

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