domingo , 19 noviembre 2017

Argentina: cuarto país más solidario del mundo

Enfermedades, cenizas, frío, pobreza, hambre, chicos perdidos. Todos estos males azotaron con fuerza a nuestro país durante 2011, pero los argentinos no se quedaron de brazos cruzados. Salieron a recorrer las ciudades durante el invierno para abrigar a las personas de la calle, recolectaron víveres para colaborar con las personas afectadas por las cenizas del volcán Puyehue y se movilizaron para encontrar a los chicos perdidos y juntar tapitas a beneficio del hospital Garrahan. También miles de jóvenes destinaron sus fines de semana -y hasta sus vacaciones- para construir viviendas en barrios carecientes, y la sociedad se conmovió con el pedido de Bustos Fierro para la operación de Agustín colaborando para conseguir el millón de dólares necesario para su intervención en el exterior.

Así somos los argentinos. Solidarios ante las catástrofes, aunque nos cueste un poco más el compromiso a largo plazo. Aunque seamos caóticos en nuestra respuesta y colaboración. Aunque tengamos latentes las ganas de ayudar pero muchas veces no encontremos la manera de canalizarlas.

Sin embargo, 2011 fue un año en el que la sociedad salió a la cancha y se puso la camiseta de la solidaridad. Los argentinos coparon las avenidas en maratones a beneficio, se sumaron a numerosas movidas sociales, se anotaron para donar sangre u órganos. y más, mucho más.

Por todo lo anterior, no debería sorprender que la Argentina se ubique en el cuarto lugar dentro de los 36 países considerados los más solidarios del planeta y con mayor actividad filantrópica privada, según una investigación publicada por la Universidad Johns Hopkins de los Estados Unidos publicada en agosto de este año por el diario International Herald Tribune. El estudio revela, asimismo, que la Argentina es el duodécimo país del mundo en cantidad de voluntarios.
A Mariana Comellini, las Recorridas del Frío de la Red Solidaria le devolvieron la posibilidad de creer que se puede hacer algo por los demás y de que algunas personas que viven en la calle pueden apostar por un futuro mejor.
“La primera noche de recorrida fue un antes y un después en mi vida, porque fue chocarse con una realidad que uno conoce pero con la que no entra en contacto. Cada una de estas personas tiene una historia de vida muy dura y uno puede aportar algo mínimo para mejorarles su situación, pero yo sentía que éramos nosotros, los voluntarios, los que salíamos más modificados después de ese intercambio. Aprender que uno sí puede involucrarse y mejorarle la vida al otro, ésa es la enseñanza más grande que me llevo”, dice emocionada esta joven de 30 años, que es docente en una escuela secundaria de Avellaneda, donde dicta las materias de Construcción de Ciudadanía y Política y Ciudadanía.
Por suerte, no estuvo sola en esta tarea. En su segundo año de realización, las Recorridas del Frío lograron reunir a 1500 voluntarios que durante 140 noches patearon las calles de la ciudad de Buenos Aires para repartir sopas calientes, galletitas, frazadas y ropa de abrigo a las personas de la calle. Pero más allá de la ayuda material, lo importante es el contacto que se genera entre el voluntario y el beneficiario, los abrazos, los momentos compartidos y las historias de vida que se entretejen.

Mariana escuchó por primera vez de esta movida el año pasado, al final de su cursada de la Cátedra de la Cultura Solidaria que dicta justamente la Red Solidaria, en las que Manuel Lozano – coordinador de esta entidad – invitó a todos los cursantes a sumarse. Así fue como empezó con algunos de sus compañeros a participar de esta experiencia en 2010. “Durante las vacaciones de invierno, como no trabajaba, empecé a ir todos los días porque una vez que tomé contacto con esa realidad y con esas personas sentía que no les podía dar la espalda. Además, los voluntarios no éramos tantos como los de este año, y a mí me parecía que tenía que estar. En esta época sólo hacíamos 12 recorridos, y durante 2011 fueron 23”, explica Mariana, que durante la campaña de este año cumplió las funciones de coordinadora de voluntarios de los viernes.
El objetivo de las recorridas del frío es evitar que las personas de las calles fallezcan de frío durante el invierno, pero además se busca atender otro tipo de necesidades, como ropa, zapatillas, gestión de pensiones y cualquier otra ayuda que puedan necesitar.
Porque en las recorridas, ellos dejan de ser un estorbo en la calle para pasar a tener un nombre, a poder contar su historia, sus necesidades y a soñar con una nueva vida.
Este es el caso de Sergio, por ejemplo, que recibió su alta, luego de un año de internación por adicciones, y una empresa organizadora de eventos lo empleó y ya alquiló una habitación en una pensión en Bernal, o de Sol y Mercedes, de 13 y 15 años, que perdieron a su mamá producto del VIH y hoy están reincorporándose a la escuela y viven en un hogar en San Miguel, y también de Segundo, que hace 4 meses que no consume, lo efectivizaron y en sus horas libres está aprendiendo a leer y escribir.
“Con lo que te quedás es con el vínculo que vas armando con cada persona de la calle, en el que la sopa es sólo una excusa para el diálogo y el conocimiento mutuo. La movida de los DNI fue importantísima este año porque conseguimos que 189 personas de la calle pudieran conseguir el suyo, y otras 20 siguen esperando. Fue muy fuerte ver a estas personas yendo a las camionetas a hacer el trámite, sin poder creer lo que les estaba pasando. Que nos agradecieran que hubiéramos pensado en ellos y que no los hubiésemos defraudado”, relata Mariana, que durante la movida de 2010 conoció a Diego, su actual novio, con el que compartió sus funciones de coordinadora durante este año.
Mariana se emociona al hablar de las recorridas del frío, de cada persona de la calle que conoció, de todo lo que aprendió. “Fue muy movilizante ver la cantidad de voluntarios y esas ganas de querer sacar a estas personas de la calle. Hay mucha gente con ganas de hacer algo y que se haya mantenido el número de voluntarios durante toda la movida demuestra su compromiso y sus ganas de ayudar. Creo que las recorridas son sólo una oportunidad concreta de canalizar esas ganas”, concluye Mariana.
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Son muchas las personas que quieren colaborar con alguna causa social, pero no encuentran el tiempo o la oportunidad como para hacerlo. A veces son varios los factores que tienen que coincidir para que estas ganas en potencia puedan efectivamente ser canalizadas en hechos concretos.
Emanuel Fernández siempre fue un apasionado de los libros. Y en 2006 cuando ya se había recibido de locutor y no estaba trabajando, justo dio con la Fundación Leer, que tiene la misión de alfabetizar a los niños del país, para que puedan leer y valorar la lectura.
“Vi un aviso en una revista y me interesó lo que hacían, además de que siempre me atrajo la idea de ser voluntario. Que los jóvenes aporten de alguna manera a la cultura o a la promoción de la lectura me parece muy importante. Desde ahí, empecé a ayudar con diferentes tareas en la fundación como la maratón de lectura, armar rincones de lectura o eventualmente ir a alguna librería a contar cuentos”, señala Emanuel, de 27 años, que se transformó en un voluntario estable, que todos los lunes y miércoles de 14 a 17.30 se instala en las oficinas de Leer para colaborar con lo que haga falta.
Durante este año, participó en la organización de la Maratón Nacional de Lectura que se llevó a cabo el 30 de septiembre en todo el país y de la que participaron 3,8 millones de niños, jóvenes y adultos de más de 13.000 instituciones. Además, en el Zoo de la ciudad de Buenos Aires se realizó el evento central de la Maratón junto con 1000 niños de escuelas primarias y 220 voluntarios que colaboraron y disfrutaron de un show y el recorrido por postas de lectura.
“Fue una experiencia muy buena porque tuvo muchísima convocatoria y pasar un día en el zoológico es muy divertido. Mi función ese día, junto con otra voluntaria, fue estar a cargo de una escuela de Almagro a la que teníamos que acompañar durante las diferentes postas. En la primera, por ejemplo, los chicos hacían lectura libre de libros y, en la segunda, alguien les leía un cuento”, dice Emanuel, a la vez que señala que nada es más mágico que ver la alegría de los chicos y verlos emocionarse con la literatura y los personajes.
Otro de sus momentos preferidos es cuando les toca llamar a las escuelas más alejadas, precarias y recónditas del país para ver si van a sumarse a la Maratón, cómo están sus rincones de lectura o si necesitan libros. “Me ha pasado de llamar y que me atienda la portera, un docente o la directora y te tratan genial. Hasta me han invitado a ir allá y te abren las puertas de sus casas. Te dicen: «Gracias por acordarte de nosotros» porque ellos esperan la llamada con mucha esperanza. Entonces, te emocionás y enseguida establecés una relación porque es increíble que te traten así”, dice Emanuel, quien desde su lugar de joven, está convencido de que son muchos los que como él, son solidarios y tienen muchas ganas de hacer. “Que jóvenes como uno se acerquen a dar una mano desinteresada a una fundación que trabaja por la educación y la cultura me llena de orgullo”, señala.
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Ver por la televisión las imágenes del impacto devastador que tuvieron -y siguen teniendo- las cenizas del volcán Puyehue en sus localidades lindantes fue espeluznante para todos. Familias enteras que tuvieron que trasladarse a otros pueblos, otras que eligieron quedarse, pero sin acceso a los servicios básicos, comunidades aisladas, hectáreas de campo y ganado que quedaron enterradas bajo las cenizas.
Afortunadamente, muchas organizaciones sociales y empresas salieron al rescate de esta situación, juntando dinero o los víveres necesarios para aprovisionar a los compatriotas del Sur.
La UADE, por ejemplo, activó una intensa Campaña de Ayuda a la Patagonia, movilizando a sus propios alumnos, docentes y administrativos, así como a toda la comunidad universitaria y a la sociedad en general para ayudar a los afectados.
Cecilia Cappo Lertora, que está cursando el tercer año de recursos humanos en esa universidad, recibió por e-mail la convocatoria a esta campaña y no dudó en responder para ver de qué se trataba. “Me contestaron enseguida porque estaban saliendo en unos días para el Sur para ayudar con lo que fuera necesario. Me sensibilicé con lo que estaba pasando, pero también por haber conocido la Patagonia antes de las cenizas y ver las imágenes en los medios era movilizador”, cuenta esta joven de 30 años, que trabaja en forma independiente en su propio Instituto de Idiomas. Gracias a su profesión de traductora de inglés, brindó sus servicios a la Cruz Roja Internacional, se sensibilizó con la temática y eso la llevó a hacer un curso de Apoyo Emocional ante Emergencias y Catástrofes. “Por eso ésta también me parecía una oportunidad única para poder aplicar mucho de lo que sabía en el viaje. Porque una cosa es la teoría, pero otra es la práctica”, agrega Cecilia.
A medida que se acercaban a la zona, el impacto visual era inevitable. En Bariloche empezaron a ver cómo las cenizas se mezclaban con la nieve y el barro. Pero el impacto más grande fue, sin dudas, llegar a Villa La Angostura. “Ahí había cenizas por todos lados, hasta tal punto que nos costaba respirar. Pero, además, como muchas familias se habían movilizado a zonas menos afectadas, la ciudad estaba desierta. Y los que se quedaron tenían serios problemas con los servicios básicos, en especial de agua potable y luz, pero también de acceso a la comida”, cuenta Cecilia, que junto con otros 100 voluntarios que viajaron a la zona, realizaron tareas de limpieza en los lugares más perjudicados.
“Siempre lo más impactante es hablar con la gente del lugar y que te cuenten su día tras día, su despertar con la incertidumbre de no saber si van a tener luz y agua. Nosotros limpiábamos toda una zona y al otro día cuando volvíamos ya estaba llena de cenizas de nuevo por el viento. Y teníamos que volver a empezar. Cuando te vas, te queda la sensación de que no sabés qué va a pasar con toda esa gente y con la preocupación de todas estas familias”, recuerda Cecilia, que de la experiencia rescata la enorme hospitalidad con la que las familias afectadas recibieron a los voluntarios como ella. “Cuando nosotros llegábamos cansados de todo el día de trabajo, ellos se habían organizado para poder recibirnos con una rica comida. Es un ida y vuelta”, aporta Cecilia, quien no está de acuerdo con tildar a los argentinos de egoístas o individualistas. “Somos solidarios y nos ocupamos de los demás. Siempre que podemos le damos una mano al otro desde nuestro lugar y creo que somos un pueblo que, esencialmente, busca ayudar”, agrega Cecilia, con una sonrisa que muestra su enorme satisfacción por la tarea realizada.
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Ganas de ayudar. Alegría. Energía. Empatía. Todas estas son las características que, según Delfina Patterson, llevaron a más de 11.900 jóvenes a colaborar como voluntarios en las construcciones de viviendas para personas que viven en asentamientos precarios y 10.000 en la colecta nacional de Un techo para Mi País.
Ella conoció la propuesta a través de las convocatorias que hacen en la facultad de Arquitectura de la UBA, en la cual se recibió y porque unas amigas suyas habían participado en una construcción y volvieron muy entusiasmados con la experiencia.
“Me anoté con una amiga, pero terminé yendo sola a la construcción y la verdad que fue buenísimo vivirlo sola porque me tuve que enfrentar a hablar y a socializar con un montón de gente en un fin de semana. Fue mi primer contacto fuerte con la pobreza y tuve la suerte de construir una casa para Yamila, una mujer con la que en medio minuto nos hicimos amigas y ya me estaba contando de sus desventuras amorosas, como que el marido le había sido infiel. Y yo lo único que podía pensar es que esas problemáticas nos atraviesan a todos, sólo que ella no había tenido las mismas oportunidades que yo”, dice Delfina, que hoy trabaja en un estudio de abogados.
Después de varias construcciones, Delfina sintió la necesidad de quedarse colaborando en un solo barrio, para conseguir un impacto más directo y de largo plazo en la vida de los vecinos. Así es como a partir de este año, empezó a ir todos los sábados, de 10.30 a 13, al barrio El Triunfo de La Matanza. Esta es la segunda etapa de trabajo de Un Techo, posterior a las construcciones, que consiste en que los vecinos del barrio se organicen para determinar cuáles son las prioridades de infraestructura o atención primaria en la zona, y después encontrar la manera de darles solución. “Con las mesas de trabajo, te vas dando cuenta de que trabajar con la pobreza extrema no es fácil. Te tenés que enfrentar con problemas que no conocías. Vecinos que no se suman a las convocatorias o proyectos que no salen. Pero también aprendés de ellos su capacidad de trabajar en equipo y su solidaridad”, cuenta Delfina.
Una de las instancias más impactantes de 2011 para esta joven fue haber participado durante el mes de abril del catastro que realizó Un techo en asentamientos precarios y villas del conurbano bonaerense. “Me impresionó ver a los vecinos emocionados porque decían que era la primera vez que alguien les preguntaba algo. Me sorprendió el hacinamiento que existe en las villas y los índices altos de violencia”, recuerda.
Delfina está convencida de que las ganas de ayudar se contagian, y más entre los jóvenes. Así fue como empezó ella en Un Techo y así fue como sus hermanos este año decidieron acercar sus brazos para colaborar desde su lugar. “Mi hermana es médica y ahora es voluntaria en el área de salud. Y mi hermano participa de las construcciones. El primer fin de semana que los tres volvimos de una construcción la cena fue increíble porque todos nos moríamos por contar nuestras anécdotas”, relata.
Para Delfina, Un techo fue su primer trabajo, al que le tuvo que dedicar muchísimas horas, pero en donde también consiguió desplegar muchas facetas de su personalidad y adquirió herramientas. “Aprendí a discutir con vecinos y camioneros, a tomar decisiones, a tener responsabilidades, a liderar grupos, a hablar en público, a expresar lo que pienso. Y lo fantástico es que esto lo empezás a hacer desde muy chico”, agrega.
¿Por qué Un techo para Mi País tiene tanto éxito entre los jóvenes? “Porque nos encontramos atravesando una crisis social que hace necesario el compromiso de toda la sociedad para salir adelante. Cuando te ponés en contacto con Un techo, podés conocer esta realidad y lo que brinda la estructura de la organización es que te permite colaborar como voluntario o socio sabiendo que lo que aportás va directo a las familias”, concluye Delfina, contagiando a cualquier persona que la escuche.

 

LOS HITOS SOCIALES DEL 2011

ENERO

 

  • Hay 78% accidentes menos en las rutas

 

 

  • Crean una nueva reserva natural con tesoros fósiles

 

FEBRERO

 

  • El Ministerio de Desarrollo Social porteño lanzó una campaña publicitaria contra la trata de personas

 

 

  • La nueva cara de la Villa 31: se avanza con mejoras, pintura de las viviendas y se inaugura una cancha de fútbol

 

Se presentó la campaña solidaria “Doná un día de tu vida”, que encaran jóvenes de siete distritos de partidos políticos, reunidos por Juan Carr

MARZO

 

  • Extensión de la AUH para embarazadas

 

 

  • Inauguran el Primer Centro Integral de la Mujer en Balvanera

 

 

  • La hora del planeta

 

ABRIL

 

  • Los habitantes de la villa Zavaleta pintan sus casas con colores flúor para que se vea su precaria condición

 

 

  • Hay 53.000 donantes de células madre

 

 

  • Actividades por el Día de la Tierra

 

MAYO

 

  • Un Techo Para Mi País instala La casa en el aire en la Plaza de Mayo

 

 

  • Más de 1200 asistentes comparten ideas en el TEDx Joven

 

 

  • En la ciudad se entregan las primeras 815 computadoras para trabajar en el aula

 

JUNIO

 

  • Se lanza la Colecta Anual de Cáritas que ya lleva recaudado 18 millones de pesos

 

 

  • Se realiza el Primer Encuentro por la Inclusión de las Personas con Discapacidad

 

 

  • Se festeja el Día Mundial del Donante Voluntario de Sangre

 

JULIO

 

  • Se lanza la Colecta Anual de Cáritas que ya lleva recaudado 18 millones de pesos

 

 

  • La obra “Diálogo en la oscuridad” recrea situaciones cotidianas con un no vidente como guía

 

 

  • Se inaugura el número 145 para denuncias contra la trata

 

AGOSTO

 

  • Los Murciélagos ganan el Pentagonal en España

 

 

  • La Colifata cumple 20 años

 

 

  • Se festeja el Día de la Solidaridad

 

SEPTIEMBRE

 

  • La colecta Más por Menos ya batió un récord de más de 11 millones de pesos recaudados

 

 

  • Los restaurantes y confiterías de la provincia de Buenos Aires tienen que tener al menos un menú para celíacos

 

 

  • Exposolidaria

 

OCTUBRE

 

  • Festival solidario del colegio Ecos para crear conciencia vial

 

 

  • Margarita Barrientos es nombrada ciudadana ilustre por la ciudad de Buenos Aires

 

 

  • Se festeja el Día Mundial del Donante Voluntario de Sangre

 

NOVIEMBRE

 

  • Una nueva Colecta del Banco de Alimentos

 

 

  • Se realiza el 9° Congreso Argentino de Padres

 

DICIEMBRE

 

  • Una iniciativa de Mundo Invisible que ya recolectó más de 19.000 botellas de plástico y 80.000 tapitas

 

 

  • Récord Guinness de juntada de tapitas de botellas del Garrahan

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fuente: lanacion.com

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