sábado , 7 diciembre 2019

Aerolíneas: Malvido renunció pero sigue hasta el recambio

El presidente de la línea aérea estatal ya se prepara para entregar el mando a su reemplazante. Hay una danza de candidatos, pero ninguno en firme. Este año las pérdidas serán de u$s300 millones.

El presidente y CEO de Aerolíneas Argentinas, Luis Malvido, presentó ayer su renuncia, pero aclaró que continuará en el cargo hasta que el gobierno de Alberto Fernández designe su reemplazante. La decisión de Malvido busca “facilitar el proceso de transición” en la línea aérea estatal, cuya conducción suele ser una prenda de negociación política en cada cambio de gobierno.

Este reemplazo es seguido con suma atención por todo el sector aerocomercial argentino. Todas las compañías que vuelan dentro del país saben que el mercado se moverá según el modelo de negocios que se aplique en Aerolíneas.

Si bien en el actual contexto económico y fiscal, Aerolíneas Argentinas es una brasa ardiendo antes que un tesoro codiciado, lo cierto es que desde el 27 de octubre pasado no deja de crecer la lista de candidatos para presidir la empresa. Muchos nombres surgen sólo de la especulación política y otros de operaciones por tratar de posicionarlos.

Las versiones sobre posibles presidenciables para Aerolíneas incluyen a dos que ya ocuparon ese sillón, como Isela Costantini y Mariano Recalde. También a Enrique Meyer, Alicia Castro y Maurice Closs, entre otros.

Del destino de la compañía depende también el futuro del sistema aerocomercial local, que se asienta en el modelo impulsado por la gestión de Guillermo Dietrich en el Ministerio de Transporte. Dietrich alentó la llegada de las empresas low cost como una forma de hacer bajar los precios de los pasajes y así ampliar el universo de pasajeros con mucha gente que nunca había volado.

Así surgieron ofertas para volar a distintos puntos del país por precios que podían arrancar en un peso. Aunque eran muy pocos asientos los que las empresas ponían disponibles a esos valores, lo cierto es que las tarifas se acomodaron a la baja y los pasajeros se acostumbraron a las ofertas.

Esto le generó a Aerolíneas Argentinas una fuerte competencia que fue cuestionada por los gremios, que acusaron al Gobierno de perjudicar a la línea de bandera.

La caída de precios de los pasajes derivada de la mayor competencia (alentada por una desregulación tarifaria) afectó los ingresos de Aerolíneas Argentinas. A esto se sumó la fuerte devaluación del peso, que pegó en sus costos ya que el 80% está dolarizado. También la afectó el aumento del precio del combustible.

Así fue como la compañía tuvo que resignar por segundo año consecutivo su objetivo de “subsidios cero”. En 2018 terminó requiriendo aportes del Tesoro por más de u$s200 millones. Y cerrará 2019 con una necesidad de subsidios del orden de los u$s300 millones.

Según datos que informó la empresa, en el período 2008/2015 los subsidios fueron del orden de 678 millones de dólares anuales. En cambio, entre 2016 y 2019 totalizarán un promedio de 2­80 millones de dólares por año.

Pero la caída de ingresos por los pasajes baratos en pesos no golpeó solamente a Aerolíneas Argentinas. Las principales competidoras como Latam, Andes, Flybondi, JetSmart y Norwegian, también acusaron recibo de la caída de facturación en pesos y el aumento de obligaciones en dólares (combustible, alquileres de aviones, mantenimiento, entre otros).

La profundidad de la crisis económica puso al borde de la quiebra a todo el esquema low cost, más allá del tamaño de las compañías. La guerra de tarifas que arrancó con entusiasmo en 2017 y siguió en la primera mitad del año pasado, chocó luego con la realidad de un contexto recesivo, con devaluación e inflación. Ahora, con el agregado de una situación fiscal apremiante, Alberto Fernández tendrá que definir si la suba de subsidios es una opción viable para la empresa.

 

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